El campeonato mundial amateur de 1970 en Cartagena-Barranquilla, Colombia

La victoria pertenece al más perseverante
Napoleon I

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José Antonio Huelga, el héroe de Cartagena

El mundial de béisbol amateur de 1970, su XVIII edición, se efectuó en Cartagena y Barranquilla, Colombia, el cual contó con la participación de doce equipos: Antillas Holandesas, Canadá, Colombia, Cuba, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico, EE.UU. Venezuela, y el estreno de los dos primeros equipos europeos: Italia y Holanda. El torneo fue un round robin y los dos primeros lugares disputaron una serie de tres a ganar dos juegos.

Para este evento el Cuba, dirigido nuevamente por Servio Borges, vino representado por los siguientes jugadores: Felipe Sarduy y Agustín Marquetti en 1B, Félix Isasi en 2B, Urbano González y Vicente Díaz en 3B, Rodolfo Puente y Tony González en SS, Armando Capiró, Fermín Laffita, Rigoberto Rosique, Wilfredo Sánchez y Raúl Reyes en los jardines, en la receptoría Lázaro Pérez y Ramón Hechavarría, mientras los lanzadores fueron José Antonio Huelga, Emilio Salgado, Santiago Mederos, Oscar Romero, Gaspar Legón y Manuel Hurtado.

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Wilfredo Sánchez y Félix Isasi

Había visto algunos juegos de entrenamiento de este equipo Cuba en el Latinoamericano. El conjunto estaba realmente afilado al bate. Una figura que no pudo hacer el equipo a última hora fue el lanzador derecho matancero Alfredo García, quien estuvo muy bien en uno de esos juegos, pero una lesión le impidió su participación en este evento.

Los EE.UU. vino, como de costumbre, con un equipo de estrellas universitarias, la mayoría rondando los 19-20 años de edad. Era un equipo de tremenda versatilidad. Por ejemplo, trajo cuatro peloteros capaces de servir en la receptoría y de jugar otras posiciones, además de siete lanzadores, cuatro de ellos zurdos, y entre ellos uno que tiraba la llamada curva de nudillo. En este caso la pelota se lanza con el dedo índice sujetando arriba la bola, pero la que lanzaba el joven derecho Burt Hooton era una variedad de este lanzamiento, que se tiraba con la fuerza de una recta, apretando la pelota con usando dos dedos, pero que cuando caía era más engañosa que una curva.

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Burt Hooton

Realmente los peloteros cubanos no habían visto en su carrera algo así y batearla era cosa seria.

El equipo norteamericano alineaba generalmente con el ya veterano en eventos internacionales Vince Adimando (CF), William Stearn C, John Grubb RF, Sam Ewing LF (poderoso bateador zurdo), Dave Roberts 3B, Greg Gomek SS, Roger Schmuck 1B (quien también era lanzador) y  Jim Corcoran 2B. En el banco tenían a hombres como Rob Ellis y Mike Weathers. La dirección de este equipo estuvo a cargo de Hal Smeltzly y Bill Arce como auxiliares y  Jack Stallings como director. Chequeando la nómina de este equipo, comprobé que 15 de ellos llegaron a jugar en las Grandes Ligas.

Los dos equipos más fuertes  fueron Cuba y EE.UU., pero tanto Colombia como Puerto Rico vinieron con escuadras muy completas y de buen bateo.

El primer enfrentamiento del Cuba con EE.UU. fue un clásico duelo y Hooton se hizo cargo de la lomita por los norteños, mientras que Santiago “Changa” Mederos lo hacía por los cubanos. Como se había dicho, los cubanos no pudieron adivinarle la bola al talentoso lanzador. No hubo hit, inicialmente le anotaron un hit a Wilfredo Sánchez, pero luego cambiaron por error en tiro y el Cuba recibía un cero hit de manos de su eterno rival. Changa fue un digno rival, pero los norteños le anotaron las necesarias para garantizar la victoria.

Recuperados de la derrota en la fase de round robin, el Cuba, logró ganarle al resto de sus adversarios, mientras que Puerto Rico le hacía la gracia a los americanos. Así que llegaron empatados al play off, cuyo primer juego tuvo lugar el 2 de diciembre de 1970 en Cartagena. Los lanzadores anunciados fueron Huelga por Cuba y Hooton nuevamente por EE.UU.

Fue un juego cerrado desde el inicio, Cuba logró marcar la primera en el mismo primer inning en las piernas de Wilfredo Sánchez combinado con sacrificio de toque de Rosique, pero EE.UU. empató el juego en el cuarto episodio por sencillo de Grubb, quien luego anotó el empate. A partir de ahí fue una repartición de ceros por ambos bandos, aunque si se fijan en la labor de ambos lanzadores, el espirituano esta vez fue superior. El juego también adoleció de algunas pifias defensivas, Gromek, Stearn y Schmuck cometieron errores por los norteños, mientras que Isasi y Tony González los imitaban.

Llegó el undécimo, Cuba vino como visitador y nuevamente Lázaro Pérez encendió la candela con sencillo, Vicente Díaz corrió de emergente, y ahí lo tienen, Huelga trajo la ventaja con sencillo. Se repetía la historia de República Dominicana, Lázaro suena el hit que inicia la anotación y un lanzador al bate lo trae a home. Ahí no paró el inning, Huelga entró por el segundo hit de Wilfredo. Dos carreras a esa hora pesaban muchísimo. Los norteamericanos no pudieron hacer nada frente a los envíos de Huelga, que ya se sentía tan gigante como el Curro Pérez en Santo Domingo 1969.

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  • Roleteó out por Sarduy en el 10mo.
  • Corrió por Lázaro Pérez en el 11mo.
  • Recibió base bateando por Tony González en el 11mo.

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  • Corrió por Schmuck en el 7mo.
  • Se ponchó por Corcoran en el 7mo.

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Había que ganar otro juego para llevarse la victoria, y llegó el agua, lluvias torrenciales, nada de juego. Las precipitaciones se mantuvieron durante el 4 de diciembre. Ya en la tarde, un terreno completamente encharcado, se comenzó a darle forma para que se pudiera jugar.

Finalmente se dio por iniciado el juego y todo el mundo pensaba que la velocidad de los cubanos se vería restringida por las condiciones del terreno. El factor sorpresa fue algo decisivo en este juego. Si se fijan en el box score del segundo juego, verán que Cuba alineó con Wilfredo, Isasi y Urbano en los tres primeros turnos al bate, y Servio Borges ordenó a Wilfredo tocar, se anotó hit, Isasi le imitó y se anotó otro hit, hubo error, Urbano volvió a tocar, nuevamente error de los norteños, entraron dos, Capiró cedió el primer out, pero Laffita siguió la fiesta con doble y luego anotó la cuarta carrera del conjunto criollo, todo eso a costa de los envíos del zurdo Rich Troedson, quien duró solo un tercio de la primera entrada.

Por Cuba abrió Changa que se mantuvo poco en el montículo, lanzó hasta la tercera entrada cuando le anotaron 2 carreras, ahí vino Manuel Hurtado al rescate. El reglano había lanzado muy buena pelota contra el equipo colombiano y se esperaba pudiera aguantar la ofensiva de los norteños. En el quinto Grubb anotó carrera y Sam Ewing disparó doblete, Servio no esperó más y trajo al brazo de hierro, Huelga nuevamente con menos de 48 horas de descanso.

El hombre de segunda no podía o no debía anotar, pues pondría la ventaja por la mínima. Isasi, estando en el montículo, cuando llegaba Huelga, se llevaba la pelota consigo. Según contó el mismo Isasi a su llegada a Cuba, el árbitro en el RF era el cubano Iván Davis, al cual Isasi le dijo que él tenía la pelota en guante. Ewing se salió de la base pero Huelga no estaba en el box, miraba para otro lado, Isasi llegó y tocó a Ewing. El árbitro de segunda era americano y no cantó el out, pero Iván si lo cantaba desde el jardín derecho. Ya pueden imaginarse lo que vino detrás, protesta del equipo estadounidense y enredo de árbitros, Iván justificaba el out, pues Huelga no estaba en posición de lanzar y no había tiempo pedido. La escuadra norteamericana protestó el juego.

Cuba volvió a marcar una más en el quinto y eso le permitió a Huelga lanzar con la excelencia requerida. Los norteños sólo le batearon un hit a la vez que ponchaba a cuatro bateadores rivales y daba un solo boleto.

Al finalizar el juego, reunión de árbitros para decidir si Cuba había ganado ese partido. Aquel conclave fue a camisa quitada, los norteamericanos halaban para lo suyo y los latinos a favor de Cuba. En realidad los norteños no tenían razón, la bola escondida se hizo magistralmente, Isasi tuvo siempre la malicia necesaria para un jugador y sabía bien lo que hacía. Al final el campeonato fue para el Cuba, era el segundo papazo a los universitarios norteamericanos en los dos últimos mundiales.

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  • Roleteó por Donovan en el 5to.
  • Corrió por Ewing en el 8vo.
  • Bateó foul fly por Caldwell en el 9no.

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El líder de bateo en este evento fue el antesalista colombiano Abel Leal (.477), quien a su vez lideró el departamento de hits (21), en carreras anotadas (12) hubo un cuádruple empate, Wilfredo, Isasi, Leal y Wilson Pérez de Dominicana, en dobles (5) Luis Gaviria de Colombia y Luis Hernández de Venezuela, en jonrones (3) Ramón Ortiz de Puerto Rico, en juegos ganados (3) hubo quíntuple empate, donde Gaspar Legón se incluyó en la lista, mientras que Hooton se llevaba el PCL de 0.00 en 24 entradas inmaculadas durante el round robin a la vez que ponchó a 44 bateadores rivales. El MVP injustamente se le dio a Abel Leal, realmente había que darlo al final del torneo y no antes, pues lo que hizo Huelga fue extraordinario.

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Abel Leal en sus años de retiro del béisbol

En el round robin, los cubanos más destacados al bate fueron los matanceros Félix Isasi (.396) y Wilfredo Sánchez (.413), mientras que el pitcheo  se comportó a gran altura. Hurtado, Oscar Romero y Emilio Salgado lograron ganar dos juegos.

Burt Hooton fue siempre una referencia por su bola de nudillo, todo un maestro del mismo. Debutó en 1971 con los Cachorros y ya en 1972, en una de sus primeras actuaciones, pintó de cero hit cero carreras a los Mets. Hooton lanzó 15 temporadas en las Mayores y terminó con balance de 151 victorias y 136 derrotas, y ayudó a los Dodgers en 1981 a ganar una serie mundial. A su retiro se dedicó a entrenar lanzadores y uno de sus discípulos, en sus inicios como coach, fue Roger Clemens.

En una próxima entrega veremos lo sucedido en el mundial de Cuba (1971).

Información recopilada de Guía de béisbol y otras fuentes, escrita por Esteban Romero, 16 diciembre de 2016

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El torneo cuadrangular de béisbol México 1968

El único deber que tenemos con la historia es rescribirla”.
Oscar Wilde  (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés

Han pasado más de 48 años del torneo regional de mayor importancia en el béisbol en 1968. He visto algunas informaciones sobre el torneo, al cual asistieron, además del equipo anfitrión, las escuadras cubana, boricua y americana. No hubo equipo japonés en ese torneo. Japón hizo su aparición en evento internacional en el Campeonato Mundial de 1972 en Managua, Nicaragua. El torneo era por invitación y no oficial. Algunos le llamaron pre-olímpico, en mi opinión, se efectuó después de las olimpiadas y en un ambiente político bastante caldeado entonces.

Los box-scores de estos juegos lloran por su ausencia, algo que me llama la atención. La información de los eventos deportivos en los que ha participado Cuba después de 1960 se ha guardado siempre y muchos datos  están disponibles. ¿Por qué será que no se publica algo sobre este evento por invitación?

La rivalidad de los equipos estadounidense y cubano en béisbol era ya un hecho alimentado por las diferencias políticas del momento. Los equipos Cuba se habían alzado con victorias en los juegos Panamericanos de Sao Paolo (1963), pero en iguales juegos en Winnipeg (1967), la victoria le sonrió al equipo norteño, por lo que el enfrentamiento entre ambos conjuntos en este torneo daría una luz de quien era el que mandaba en el llamado béisbol amateur.

Recuerdo ese evento, carezco de algunos datos y detalles, pero si tengo en mi memoria la nómina del equipo Cuba. Como antecedente se debe decir que en la temporada de 1967-68 se había estrenado un nuevo formato de serie nacional en Cuba. Era la VII serie y el nuevo formato traía 12 equipos, dos por cada provincia, un campeón y una selección de los equipos perdedores. Se daba un salto de los seis equipos existentes en la VI serie a 12 en la VII.  Naturalmente, la llamada provincia Habana, que en aquel momento incluía también la capital, tenían las mejores nóminas, mientras que los orientales y los villareños traían equipos que podían dar batalla pero no ganar. La división en dos equipos debilitaba a las provincias en la VII serie. Los equipos de Pinar del Río y Matanzas hicieron un pobre papel, mientras que los de Camagüey, no es que se hayan destacado mucho.

El equipo Habana dirigido por Juan “Coco” Gómez se coronó campeón de esa serie. Ese conjunto tuvo a estelares como Pedro Chávez 1B, Rodolfo Puentes en 2B, quien resultó novato del año, Tony González en SS, Germán Águila en 3B y desconocido al bate por su alta ofensiva de poder, en los jardines estaban Armando Capiró, Arturo Linares, Eulogio Osorio en su mejor temporada ofensiva, Lázaro Martínez y Jesús Jufré como receptores. El staff de lanzadores era a base de Julio Rojo, hombre que ganó 19 juegos en esa temporada, Andrés Liaño en funciones como abridor, Ihosvany Gallegos, Maximiliano Reyes, Luis Barreiro y Leopoldo Valdés, hombre que lanzara el tercer juego de cero hit cero carreras en series nacionales.

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Juan “Coco” Gómez, manager del equipo Cuba al torneo México 1968

Como era de esperar Coco Gómez fue el escogido para dirigir el equipo Cuba y usualmente el criterio del manager es importante a la hora de escoger a los hombres que integrarían ese conjunto. Es por eso que los experimentados Chávez, Tony González, Germán Águila, Eulogio Osorio y Andrés Liaño integraron el equipo. El resto de los selectos fueron Félix Isasi y Urbano González para defender el segundo cojín, Félix Rosas como reserva del infield, el líder jonronero con 13, Felipe Sarduy, Fermín Laffita, Silvio Montejo en los jardines, los veteranos Ricardo Lazo y Ramón Hechavarría como receptores, los habaneros Santiago Mederos, Walfrido Ruíz, el debut internacional del espirituano José Antonio Huelga, el santiaguero Roberto Valdés y el matancero Jesús Torriente como lanzadores. Era un equipo de sólo 18 peloteros.

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Peloteros en el equipo Cuba, arriba de izq a der Chávez, Urbano. Tony, al medio Germán, Sarduy, Montejo, Osorio, abajo Laffita, Lazo y Hechavarria

El Cuba no pudo contar con los servicios de sus estelares Manuel Alarcón, afectado por hernia discal luego de haber tenido una extraordinaria campaña de 18 victorias, y las del zurdo Rigoberto Betancourt, quien no había logrado su forma anterior, igualmente afectado por hernia discal antes de iniciarse la VII serie nacional.

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Lanzadores, arriba de der. a izq., Jabao Valdés, Liaño, Walfrido, Changa y Huelga

A través de unos mails del ex pelotero Gary Sanserino, he podido recuperar algo de la nómina del equipo estadounidense. Sanserino era el torpedero de ese equipo, Mark Marquess jugaba la primera, hombre que después dirigiera el equipo norteamericano en varios torneos, Victor Ambrose en 2B, Glenn Redmon en 3B, mientras que los jardines eran patrullados por Larry Pyle; el jardinero central Vince Adimando, uno de los pocos peloteros afro-americanos en el conjunto, y Mike Rowosinsky. Los lanzadores eran Larry Gura, Brent Storm, Steve Rogers. Otro pelotero en ese equipo era el afro-americano Lenny Randle, hombre capaz de jugar los jardines, la segunda y tercera bases.  La dirección del equipo estaba a cargo de Danny Litwhiller (Universidad de Michigan) y Frank Sancet (Universidad de Arizona).

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Peloteros del equipo de EE.UU., arriba de izq. a der. Mark Marquess, Gary Sanserino, Lenny Randle, abajo Larry Pyle, Larry Gura, Brent Storm y Steve Rogers

El equipo Cuba tuvo dos pilares ofensivos inesperados, ellos fueron Fermín Laffita y Silvio Montejo, quien sustituía al lesionado Felipe Sarduy como jardinero izquierdo. Laffita era séptimo y jardinero central y Montejo octavo al bate, algo que llamaba la atención, pues por mucho que Germán Águila haya bateado con el Habana ese año, no era para que fuera sexto y Lazo quinto en una selección nacional. Al final Coco Gómez tuvo que reacomodar su alineación al bate. Laffita o Montejo podrían haber sido tranquilamente primer bate y no Tony González, quien tampoco era superior al bate a los dos ya mencionados. Otra opción habría sido utilizar más a Félix Isasi, hombre rápido en las bases, pero para ello había que sentar a Urbano o que éste jugara la tercera reemplazando a Germán. Personalmente, sin ser manager, creo que que por ahí ya había problemas. La alineación no fue la correcta y la misma falló desde los inicios del torneo.

En el pitcheo, Coco Gómez se aferró a sus pilares habaneros y a Huelga como lanzadores claves contra los americanos. Roberto “Jabao” Valdés dominó dos veces al equipo de Puerto Rico y Jesús Torriente se encargaba de dominar a los bates mexicanos.

Como ya se dijo, no hay box-score a la mano, pero si algo de memoria de lo que el diario El Mundo aún publicaba en Cuba. Es por eso que no podemos dar resultados finales de juegos, sobre todo aquellos entre EE.UU. y Cuba, los cuales fueron ganados por la escuadra norteamericana. No obstante, algunos datos fueron aportados por Sanserino sobre esos partidos. En el primero, fue precisamente el torpedero norteamericano quien decidió el juego con sencillo, mientras que en el segundo y decisivo disparó jonrón contra Liaño y otro sencillo, pero fue sorprendido en primera base. La carrera decisiva fue empujada por Rowosinsky  con Pyle en base, esto frente a los envíos de Huelga como relevista.

Ese juego final terminó como la fiesta del guatao, bateaba Félix Rosas cuando las gradas rugieron y los peloteros cubanos también. Supongo que hayan aparecido algunas personas con carteles que no gustaron a los atletas, en contra de la revolución, y la explosión surgió con enfrentamientos cuerpo a cuerpo. No tengo más detalles de esa bronca, pero el Cuba fue derrotado por EE.UU. en ese partido decisivo. Aquella derrota significó la segunda consecutiva para un equipo cubano de béisbol contra otro americano en torneo, por lo que había qué hacer algo en lo sucesivo. Les propongo hablar más adelante del campeonato mundial de este deporte efectuado en República Dominicana en 1969.

Escrito por Esteban Romero, 2 diciembre de 2016

Nota: Comentarios con más detalles sobre este torneo serán siempre bienvenidos. Si alguien los tiene, con desempolvarlos bastaría.

El consistente pitcheo de Joe McGinnity

La curva “Vieja Sal” se convirtió en parte
de la leyenda de Joseph, el Hombre de Hierro

Marc Nesseler, columnista de AP

Al inicio de la década de los 90 comenzaron a publicarse los primeros CD Rom, y el internet adquiría popularidad. Fue entonces que descubrí un CD que traía toda la información estadística de las Grandes Ligas del béisbol desde sus inicios. Aquello era una verdadera atracción y no tardé en comprarla.

A medida que leía nombres para mí jamás vistos, iba igualmente descubriendo verdaderos titanes del béisbol. Fue así que descubrí la figura de Amos Rusie, del cual ya se habló en un artículo anteriormente, y fue así que pude conocer la persona que ocupa el actual artículo, el gran Joe McGinnity, al cual le llamaban Iron Man (Hombre de Hierro). Hay que hacer mención que al famoso Lou Gehrig, al cual también dedicamos un artículo, era igualmente llamado Hombre de Hierro.

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Joe McGinnity

Joseph Jerome McGinnity nació el 20 de marzo de 1871 en Cornwall, Illinois, en el seno de una familia que finalmente se mudó para McAlester, Oklahoma, para trabajar en una fundición de hierro. Es por eso que Joe siempre decía que el apodo le venía por su crianza. No obstante, su carrera deportiva demostró que llamarlo así no era errado en lo absoluto. Realmente era una bestia de solidez y consistencia en el montículo, que me habría gustado mucho verlo lanzar.  Su repertorio consistía en lanzamientos por encima y por el lado del brazo, además de una curva submarina que él llamó “Old Sal” (Vieja sal).

Como lanzador se inició en 1893-94 lanzando para el Montgomery de la Asociación Meridional y luego en igual temporada con el Kansas City de la Liga Occidental. No era nada del otro mundo en ese momento. Era el clásico lanzador wild, concedía muchas bases y le bateaban con alguna soltura los rivales. Luego saltó a una liga semipro, donde lanzó durante tres temporadas y pudo mejorar su pitcheo. Fue en ese período que comenzó a lanzar su vieja sal. En 1898 regresó a la pelota profesional lanzando con el Peoria de la Asociación Occidental, donde ganó 9 y perdió 4, además de lograr un mejor control, con más ponches (74) que bases por bolas (60) y menos bateado por sus rivales.

En Grandes Ligas debutó en abril de 1899, tenía 28 años cumplidos, con los Orioles de Baltimore de la Liga Nacional dirigidos por el gran John McGraw, donde ganó 28 (líder), propinó 4 lechadas, salvó 2 juegos, perdió 16, en 366.1 innings, ponchó a 74 bateadores, pero concedió 93 bases, con WHIP 1.23 y PCL 2.68. En octubre de esa temporada McGinnity logró lanzar en casi todos los juegos de una semana y ganó cinco partidos en seis días. Era una demostración del brazo de hierro que poseía.

En 1900 lanzó para los Superbas de Brooklyn dirigidos por Ned Halon, nuevamente 28 victorias (líder), una lechada, 8 perdidos, 778 de promedio de ganados/perdidos (líder), en 343 innings lanzados, 93 ponches, pero 113 bases (líder), con WHIP 1.35 y PCL 2.94

En 1901 lanzó nuevamente para los Orioles de McGraw, que esta vez competían en la nueva Liga Americana. McGinnity tuvo promedio de 26 y 20, una lechada, líder en juegos lanzados con 48 de ellos 43 iniciados (líder), completó 39 (líder), 382 innings (líder), 75 ponches, 96 bases, WHIP 1.33, PCL 3.56, y se enfrentó a 1631 bateadores (líder). Su carrera estuvo en peligro en esta temporada cuando enojado le escupió en la cara al árbitro Tom Connolly en juego del 21 de agosto.  El presidente de la Liga Americana Ban Johnson fue inicialmente partidario de suspender a McGinnity de por vida, luego suavizó la sanción a 12 días. El pelotero anteriormente había tenido un salón en Illinois, donde él mismo servía de bouncer llegado el caso. Por lo que si bien no era de los que siempre estaba enojado, se volvía una fiera si alguien lograba sacarlo de quicio. Al final McGinnity tuvo que pedir disculpas al árbitro Connolly por lo ocurrido.

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Joe McGinnity en acción

En 1902 bajó su rendimiento con los Orioles, lanzó en 25 juegos con promedio de 13 y 10, de ahí saltó en esa temporada a los Gigantes, donde lanzó en 19 juegos más y tuvo promedio de 8-8. McGinnity pasó a los Gigantes de la Liga Nacional justamente en el momento que McGraw comenzaba a dirigirlos, manager que igualmente había abandonado los Orioles en esa misma temporada.

En 1903, McGinnity comenzó a hacer de las suyas con los Gigantes, 55 juegos lanzados, 48 iniciados, 44 completos, 31 juegos ganados, 434 innings, 1786 bateadores enfrentados, líder en todos esos departamentos, 109 bases y 171 ponches, WHIP 1.15 y PCL 2.43, una mejoría ostensible en su control. Los 434 innings lanzados es record para un lanzador de todos los tiempos, el cual parece que permanecerá imbatible per secuola seculorum. La hazaña mayor fue cuando McGinnity lanzó 3 dobles juegos logrando seis victorias en los días del 1, 8 y 31 de agosto. Imagínense lanzar 18 entradas 3 veces en un mismo mes.

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Joe McGinnity, afiche sobre el lanzador en Cooperstown, foto del autor

En la temporada de 1904, McGinnity fue líder nuevamente juegos lanzados (51), ganados (35), 9 lechadas y 5 salvados, en 408 innings, 1588 bateadores enfrentados, .814 de promedio de ganados y perdidos, WHIP 0.96, PCL 1.61, líder en todos esos departamentos en la Liga Nacional, además de propinar 144 ponches y conceder 86 bases. Ganó 14 juegos de forma consecutiva y superó a la estrella y compañero de equipo, Christy Mathewson, con su pitcheo en esa temporada

En 1905,  McGinnity fue líder en juegos lanzados con 46, ganó 21 y perdió 15, dos lechadas y 3 salvados, 320.1 innings, 26 juegos completos, 71 bases y 125 ponches, 71 bases, WHIP 1.12 y PCL 2.87. Esta vez Mathewson ganó 31 y perdió 9, pero hubo serie mundial y los Gigantes se enfrentaron a los Atléticos de Filadelfia, a los que despacharon en 5 encuentros. El único juego perdido por los Gigantes fue el segundo y la derrota correspondió a McGinnity, quien permitió tres carreras sucias combinados con seis hits. El juego lo ganó Chief Bender y finalizó 3-0. El cuarto juego lo lanzó McGinnity y esta vez no hubo fiesta por parte de los Atléticos. Cinco hits permitidos y una espesa lechada fue la receta del gran lanzador, que se llevó la victoria con anotación de 1-0, Eddie Plank fue el pitcher derrotado.

En 1906, McGinnity continuó con su magnífico pitcheo, ganó 27 (líder) y perdió 12 de 45 juegos lanzados (líder), 339.2 innings, con 37 juegos abiertos, 32 completos, 3 lechadas y 2 salvados, 105 ponches, 71 bases, WHIP 1.14 y PCL 2.25, pero nuevamente el lanzador tuvo riña fuerte con un viejo enemigo, el receptor de los Piratas, Heinie Peitz. Ya ellos llevaban tiempo insultándose mutuamente, hasta que un día llegó la gota que rebosó al vaso y se fueron a las manos. La fuerza del Hombre de Hierro fue evidente, le dio con toda la fuerza de sus puños a su rival, lo tiró a la tierra y ahí mismo lo siguió machacando. El presidente de la Liga Nacional Harry Pulliam impuso varias sanciones, la más severa fue para McGinnity, a quien le acusaron de querer convertir el terreno de juego en una carnicería.

La temporada de 1907 no fue nada buena realmente para McGinnity al lograr igual cantidad de victorias y derrotas, 18 y 18 en 47 juegos lanzados (líder), abrió 34 y completó 23, tres lechadas y 4 salvados, con 120 ponches, 58 bases, WHIP 1.22 y PCL 3.16

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Tarja en honor a McGinnity en el Salón de la Fama-Cooperstown

En 1908 estuvo enfermo y no pudo abrir juego hasta finales de mayo. Ya los Gigantes preveían liberarlo, algo que ocurrió al final de temporada. Ganó 11 y perdió 7 en 37 juegos lanzados, abrió 20 y completó 7, con 5 lechadas y 5 salvados en 186 innings, propinó 55 ponches y concedió 37 bases, WHIP 1.23 y PCL 2.27. Esa fue su última temporada en las Mayores, pero que nadie piense que aquí terminó todo.

En resumen, McGinnity lanzó durante 10 temporadas en las Mayores, ganó 246 y perdió 112, en 381 juegos lanzados, 314 como abridor, 3441.1 innings, permitió 52 jonrones, concedió 812 bases y ponchó a 1068 bateadores, con WHIP 1.19 y PCL 2.66. Realmente impresionante los números alcanzados en 10 temporadas.

En 1909, con 38 años de edad, el Hombre de Hierro decidió continuar carrera en las Menores, donde lanzó a lo largo de 14 temporadas más. Se inició entonces como lanzador-manager con los Indios de Newark de la Liga Oriental (clase A), donde se mantuvo por cuatro temporadas, con los que ganó 87 juegos y perdió 64 en 196 partidos lanzados. En 1913 pasó a jugar con los Tigres Tacoma de la Liga Nordoccidental (clase B), con los que lanzó-dirigió hasta 1915, aunque justo es destacar que tuvo una breve actuación como pitcher en la Liga de Costa del Pacífico con los Tigres de Venice en 1914. En 1916-17 fue lanzador-director de los Mineros de Butte de la misma Liga Nordoccidental. En el mismo 1917 lanzó también para los Eléctricos de Great Falls de la Liga antes mencionada, pero ya sus logros ya comenzaban a decaer. En 1918 vistió el uniforme de los Castores de Vancouver en la Liga de la Costa del Pacífico, hubo una pausa, y McGinnity volvió al terreno de juego en 1922-23 como lanzador-director con los Trepadores de Dubuque de la Liga del Valle de Mississippi (clase D) y en parte de 1922 con los Veteranos Danville de la Liga Illinois-Indiana-Iowa (clase B). En 1925 volvió como lanzador del Dubuque y de ahí saltó a los Senadores de Springfield, con los que terminó su labor de lanzador y con la edad de 54 años. Fue precisamente en Springfield donde McGinnity logró hacerse de su lanzamiento favorito, la llamada curva “Sal Vieja” y ahí concluyó su vida deportiva. No obstante, en 1926 siguió como coach con los Dodgers de Brooklyn

McGinnity aseveró que nunca sufrió dolores en su brazo de lanzar y que se mantenía bien lanzando con frecuencia y durante todo el juego. Como promedio lanzó unos 30 juegos anuales en su vida como pitcher, señal de su solidez y consistencia.

El gran lanzador murió a la edad de 58 años el 14 de noviembre de 1929, y fue sepultado junto a su esposa en McAlester. McGinnity quedó algo en el olvido hasta que el Comité de Veteranos del Salón de la Fama de Cooperstown le eligió en 1946.

Bibliografía consultada

Anon. Joe McGinnity. Hall of Fame. http://baseballhall.org/hof/mcginnity-joe

Mann Michael. Joe McGinnity. SABR. http://sabr.org/bioproj/person/f75cf09d

Baseball-reference.com

Escrito por Esteban Romero, 15 noviembre de 2016

La importancia del banco de semillas de malezas en suelo

Desde el punto de vista de la planificación y gestión
de la empresa agropecuaria, el manejo de malezas
no ocupa un lugar relevante en la agenda anual
y mucho menos en la del mediano o largo plazo“.
Eduardo Leguizamón (investigador,
Universidad Rosario, Argentina)

Si seguimos recordando lo que deseaba aquel funcionario de la agricultura con respecto a la erradicación de las malezas, debemos obligatoriamente detenernos a analizar el llamado banco de semillas de malezas en el suelo, que no es más que el depósito de esas semillas en el suelo, compuesto por dos partes, una viable y otra que permanece latente por un tiempo. Anteriormente dije que no todas las semillas germinan después de su maduración, unas lo hacen y otras esperan a que las condiciones abióticas le resulten favorables o que algunos factores intervengan a fin de evitar inhibiciones propias de las características de las semillas, como es el caso de las parásitas que requieren del estímulo de exudados de otras plantas para poder germinar.

Imaginemos  la cantidad de semillas de malezas que caen al suelo cosecha tras cosecha. En los países tropicales o sub-tropicales, donde pueden haber hasta dos ciclos de cultivo en el año, la cantidad es enorme comparada con la que aporta la vegetación en áreas de clima templado. Usualmente se trata de controlar las malezas en los campos durante el llamado período crítico de competencia con los cultivos, que casi siempre coincide con las primeras semanas del cultivo establecido. Se entiende que luego el mismo cultivo a través de su follaje es capaz de inhibir los nuevos flujos de malezas que puedan emerger, lo cual no es siempre así.

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Modelo básico del ciclo de vida de una planta

Sabemos que en campos de cultivo coinciden malezas de fotosíntesis C3 y de C4, éstas últimas son susceptibles a la sombra proyectada por el cultivo, pero no así las C3, entre las cuales están muchas de especies de hoja ancha, las que sobreviven y finalmente pueden verter una buena cantidad de semillas en suelo al momento de la cosecha del cultivo. Si el manejo de malezas no es bien conducido, a esa vegetación C3 se pueden añadirse otras especies gramíneas o ciperáceas C4, con lo cual el depósito sería mayor.

Unas semillas pueden ser dañadas por la microfauna del suelo, por la humedad, otras pueden ser enterradas a profundidades del suelo con la labranza, por lo que permanecen latentes en espera que un buen día venga otra labor que las lleve próxima a la superficie. Otras semillas pueden diseminarse por las corrientes de agua, por vía animal, aunque algunas pueden perder su viabilidad en el tracto animal, y por el viento. Se sabe que las plantas dotadas de vilano, conjunto de pelos o escamas que corona el fruto y las semillas de muchas plantas compuestas, facilita el transporte de las semillas por el aire.

Mecanismo de dispersión de semillas

Mecanismo de dispersión de semillas

Germinadas unas, otras dispersas por distintas vías, queda otra parte considerable en el suelo esperando por sus oportunidades. Las semillas u otros propágulos vegetativos pueden permanecer en suelo sin perder su viabilidad por años. Muchas labores de cultivo, sobre todo la labranza contribuye a que éstos pueden un día volver a germinar, crecer y competir con los cultivos en campo. El misterio, por llamarlo de alguna manera, es que poco sabemos de la cuantía de propágulos en el suelo, de cuántos intervendrán en el próximo ciclo del cultivo y cuántos quedarán a la espera de mejores condiciones. Como ya se dijo en una contribución anterior respecto a la latencia de semillas, una rotación inesperada de cultivo puede traer afuera especies desconocidas o no vistas previamente en el lugar, ya que han estado latente por largo tiempo y las condiciones del cultivo predominante, usualmente monocultivo, no han propiciado su germinación y desarrollo ulterior.

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Ciclo de vida de una maleza

Basado en lo aquí expuesto es prudente implementar estudios que permitan conocer el banco de semillas de malezas en suelo. Pronosticar las poblaciones de malezas permite planificar adecuadamente los medios para combatirlas. A diferencia de otras plagas, las malezas aún no son pronosticadas. El pronóstico pudiera ayudar a desarrollar mejores
sistemas de manejo de malezas aplicados a tiempo.

A los efectos de prever futuras poblaciones de malezas, con anterioridad se recomendaba el conteo de semillas de malezas del suelo, lo cual resultaba sumamente laborioso y poco económico.

En la actualidad se sugieren algunos métodos más prácticos y menos tediosos, que se basan en la toma de muestras de suelo antes de la plantar el cultivo. Las muestras se ubican en potes y se riegan a fin de provocar la emergencia de las semillas viables de malezas. Las plantas emergidas son contadas y registradas. Este dato da una idea de la futura población de malezas, tanto en individuos como especies (Forcella et al 2003).

Otro método sugerido es el de evaluar la llamada presión de malezas, lo cual se realiza mediante la evaluación visual en pequeñas parcelas en los campos año tras año. El registro sucesivo de las poblaciones dará una idea de la aparición y desarrollo de las malezas en el campo evaluado (Harvey 1998).

Si uno mira la cantidad de estudios sobre banco de semillas de malezas en suelo a nivel mundial, se dará cuenta que un ciclo de cuatro años, éstos se pueden contar con los dedos de una mano. La mayoría desarrollados en agricultura de clima templado y poco o nada en la de países cálidos, donde el comportamiento de las semillas es diferente, incluso puede haber una mortalidad sustancial de la población de semillas debido a temperaturas y humeda elevadas en suelo.

A los efectos prácticos es pertinente prevenir la lluvia de semillas de malezas persistentes en los campos de cultivo, como puede ser el caso del arroz maleza en arrozales, gramíneas de alta nocividad en campos de maíz y caña de azúcar, y otros.  Todo lo que se haga a fin de reducir el banco de semillas en lustros se verá el aporte y beneficio a la producción agrícola del lugar. Una medida siempre necesaria es el uso de semilla de cultivo libre de semillas de malezas y el uso de maquinaria limpia después de utilizada en áreas con alta infestación de malezas.

Bibliografía consultada

FAO. 1997. Consulta de Expertos en Ecología y Manejo de Malezas. FAO, Rome, 22-24 September 1997, FAO Plant Production and Protection Division. (PDF). http://www.fao.org/ag/AGp/agpp/IPM/Weeds.

Labrada R. 2007. Recomendaciones para el manejo de malezas. AGPP, FAO, Roma. ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/a0884s/a0884s.pdf, 61 p.

La línea de ferrocarril entre Petersburgo y Moscú

La inteligencia sirve justamente para lograr lo que quieres”.
Fiodor Dostoyevski (escritor 1821-1881)

Los zares rusos eran monarcas absolutos, no eran personas aptas para estar oyendo objeciones, había que hablarles claramente y sus decisiones muchas veces dependían más de su estado de ánimo que de su razonamiento. Es cierto que los zares recibían una buena educación en su infancia, pero nadie puede afirmar que todos eran inteligencias.

No obstante, el zar Nicolás I, tercer hijo del emperador Pablo y de la emperatriz María Fiodorovna, era una persona con cualidades a apreciar. La primera era que no era aficionado a la bebida, la segunda que era buen lector, la tercera que tenía una férrea formación militar y la cuarta que era incansable, trabajaba hasta 18 horas diariamente.  El zar había nacido el 6 de julio de 1796 en el llamado Pueblo del Zar (Tsarskoye Tselo).

El héroe de este monarca fue Pedro I en su infancia y tenía aficiones parecidas a la de su admirado, gustaba de juegos militares. Además, tenía una institutriz extranjera y otros rusos, algunos de ellos militares. Nicolás I gustaba también de dibujar, tenía buen gusto artístico, le agradaba  la música, podía tocar la flauta, le encantaba la opera y el ballet. Nikolai I no era cualquier cosa como monarca y sabía aprovechar todo lo que en conocimiento se le brindara.

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Retrato del zar Nicolás I, realizado por Franz Kruger

Nicolási I no fue un zar bondadoso ni nada similar, sabía que el poder se sostiene con fuerza y no permitiendo libertades, pero era progresista en el sentido de propiciar nuevas construcciones que modernizaran a un país tan atrasado como Rusia. En síntesis, era una especie de Pedro I moderno. Fue durante su mandato que se construyó la primera línea férrea, la llamada Tsarskoselskaya, la que iba de Sant Petersburg al Pueblo del Zar (actual Pushkin), y que más tarde se prolongaría unos 27 km más hasta Pavlovsk, igualmente dentro del área de la región Petersburg.  En setiembre de 1836 se hizo la primera prueba para establecer esta línea.

Después vino el proyecto de construir una línea entre las dos ciudades más importantes, Piter (como llaman los rusos a Petersburgo) y Moscú. Esa idea fue inicialmente rechazada por parte de muchos funcionarios, ya que ellos veían el peligro de que mucha gente viajara y que éstas pudieran sublevarse.  En un régimen absolutista eso se resuelve fácil, basta con emitir un ukaz, en español es decreto, donde se establecía que solo los ricos podían viajar en ese medio. Naturalmente antes de que cada pasajero se subiera en el tren, era sometido a scanning de la policía, se revisaban sus documentos y se controlaba de que el pasajero no fuera un descamisado.

Lo interesante fue como se originó el proyecto de línea. El 13 de febrero de 1842 Nicolás I firmaba otro ukaz, donde se ordenaba la construcción de la línea en cuestión. Dice la leyenda que al monarca se le preguntó su criterio sobre construirla, y que él mismo respondió tomando un mapa de la región y trazando una línea recta de Piter a Moscú, pero que en una parte aparece una curvita por error del dedo del zar en el trazado, y que finalmente se hizo como él la trazó. La vía férrea, que luego se llamara Nicolaevskaya, en honor al monarca, se hizo tal y cual. La curvita era un punto en la región de la estación del puente Mstinski cercano a la ciudad de Nóvgorod, donde debido a la inclinación del relieve hubo necesidad de darle una vuelta. La curva era de 17 km de longitud, la que en el 2001, se desmontó y se redujo a sólo 5 km de largo. O sea que lo del dedo del zar era una leyendita dentro de la leyenda que no se correspondía con la realidad.

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Afiche sobre la línea de Petersburgo a Moscú

La línea se construyó con ayuda de miles de personas pobres, muchos de los cuales murieron en esta obra. La parte más cercana a Piter es sumamente pantanosa y con un clima muy frío y húmedo.

La inauguración de esta vía tuvo lugar el 1 de noviembre de 1851. Diez años de trabajo para poder terminar la construcción. El primer tren de pasajeros salió de Petersburgo a las 23:15 y llegó a Moscú a las 21:00 del siguiente día, o sea 21 horas y 45 minutos después de viaje.

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Un tren de la época en Rusia

En 1931, ya instaurada la URSS, a la línea se le llamó Krásnaya Strela (Flecha Roja). Ya en ese entonces el viaje demoraba unas ocho horas. En el nuevo milenio, la firma Siemens alcanzó con su Velaro Rus, también llamado Sapsán, hasta 250 km/hora. Su puesta en escena tuvo lugar en 2009 pero no alcanzando la velocidad mencionada. La Siemens ha continuado su trabajo a fin de alcanzar velocidades de hasta 300 km/hora.

El tren para en unas 15 estaciones intermedias entre Petersburgo y Moscú.

El zar Nicolás I murió en 1855 y es recordado por su participación en múltiples guerras, entre ellas la de Persia en 1826-1828, la de Turquía en 1828-29, reprimiendo la insurrección en Polonia en 1830-31, y la de 1849 contra la revolución húngara y en ayuda a los monarcas austriacos. Sin embargo, se lleva en su tan negativo curriculum el hecho de haber promovido la construcción de las líneas férreas en Rusia, sobre todo la de Petersburgo a Moscú.

Fuentes consultadas

Anon. 2013. Биография императора Николая I Павловича. RIA Novosti. https://ria.ru/history_spravki/20131014/969813887.html

Anon. Николай I. БИОГРАФИЧЕСКИЙ УКАЗАТЕЛЬ. http://www.hrono.ru/biograf/bio_n/nikolay1.php

Otros de Wikipédia en ruso.

Escrito por Ricardo Labrada, 22 octubre de 2016

El delito de apostar y vender juegos

Para tener éxito, en primer lugar
debemos creer que podemos
“.
Nikos Kazantkis, escritor griego (1883-1957)

Hay veces que uno lee cosas que le resultan desagradables. Una de esas es decir que apostar y vender juegos no es la misma cosa. Es cierto, la acción no es igual, pero la inmoralidad no se la quita a ninguna de las dos, ya que una puede llevar a la otra en una misma acción.

Aquellos que simpaticen con el pelotero Pete Rose no los critico, es su derecho, pero que no hagan comparaciones sin fundamentos. Una de ellas es la comparación que se ha hecho en lo que hizo Joe “Shoeless” Jackson en la serie mundial de 1919 cuando los Medias Blancas vendieron ese evento y llevaron a los Rojos de Cincinnati como vencedores. Hay mucha historia escrita alrededor de esa serie mundial, hasta un filme “Eight men out”, y por lo que se sabe, Jackson fue un conejillo de Indias en esa venta, pero tampoco trato de justificarlo.

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Joe “Shoeless” Jackson y Pete Rose

Se sabe que Pete Rose apostó aún siendo pelotero, ahí está la evidencia publicada por Weinbaum y Quinn (2015) encontrada en el diario de Michael Bertolini, un asociado de Rose en sus años de pelotero. Esto para aquello que no se cansan de decir que Rose apostó sólo como manager. Para el caso da lo mismo.

No es mi intención aquí discutir los detalles de lo que hizo Jackson o Rose, sino hacer ver que apostar para un jugador o manager es tan dañino como vender un juego. De hecho, un juego apostado es un juego vendido. El jugador puede apostar por su equipo, pero ¿cuántos no ha habido que han apostado en su contra?

Un lanzador, un jugador de cuadro, sobre todo torpedero o segunda base, y un receptor en el béisbol pueden vender el juego con su apuesta, la que funciona mejor cuando va en contra de la lógica. Las apuestas siempre van a favor del vencedor asiduo y si el equipo pierde, ya saben cuánto se puede ganar, hasta diez o veinte veces lo imprevisto.  ¿Acaso esa no es otra forma de vender un juego?

En cualquier deporte un jugador activo de los equipos que se enfrentan puede apostar en su contra y él contribuir de cierta forma a su propia derrota. ¿Acaso esto no es vender un juego?

Apostar en un juego es una trampa que ensucia al juego así como al equipo al cual está integrado. Cuando un jugador apuesta en su juego está amañando el resultado y eso se hace con el fin de obtener dinero de manera ilícita, lo cual constituye un delito.

De lo que aquí hablamos no sucede o ha sucedido sólo en el béisbol, hay otros deportes que han sido fuertemente afectados por estas situaciones, y es algo en lo cual se debe insistir, evitar la apuesta de los jugadores y el amaño de los partidos como condición para el juego limpio, el respeto a la afición deportiva, y garantía de disciplina e integridad deportiva. Escribir otra cosa no ayuda y si contamina al deporte.

Referencias consultadas

Malem Seña J.F.  La corrupción en el deporte. Fair Play. Revista de Filosofía, Ética y Derecho del Deporte, 2:2, 105-121. http://www.upf.edu/revistafairplay

Weinbaum W. y Quinn T.J. 2015. Entries in long-hidden notebook show Pete Rose bet on baseball as player. ESPN. http://www.espn.com/espn/otl/story/_/id/13114874/notebook-obtained-lines-shows-pete-rose-bet-baseball-player-1986

Escrito por Esteban Romero, 1 octubre de 2016.

Recuerdos del primer campeonato mundial de boxeo amateur, La Habana 1974

Tienes que saber que puedes ganar.
Tienes que creer que puedes ganar.
Tienes que sentir que puedes ganar
.”
Ray “Sugar” Leonard.

Hace unos días veía la película “Million dollar baby (2004)” y me hizo de alguna forma recordar el I Campeonato Mundial de Boxeo, el que se efectuó en agosto de 1974 en la Habana, por lo que me decidí a escribir y rememorar aquel evento.

Según he podido leer, antes de ese campeonato se discutió la posibilidad de un campeonato solo con aquellos boxeadores triunfantes de eliminatorias previas o de realizar el campeonato con equipos de países, los que podían ser completos o no. La segunda versión fue la que venció, que era la propuesta de la Habana y apoyada por los entonces países socialistas.

También a Cuba le correspondió organizar este primer campeonato, entiendo que muy merecido. La isla siempre ha sido una productora de boxeadores de calidad. Varios campeones mundiales profesionales eran cubanos, al prohibirse el boxeo rentado en el país, muchas figuras se adaptaron al boxeo amateur. Por un lado estaba la escuela cubana presente, muy profesional, a la que se unió la escuela de los soviéticos, aquella de das y  no dejes que te peguen. No obstante, se puede decir que de la combinación de ambas escuelas surgió un híbrido muy productivo de nuevos campeones amateurs, un estilo de boxeo a lo cubano.

La Habana había dado la primera señal de calidad en boxeo amateur cuando llevó a dos púgiles a la final en las Olimpiadas de México. En la división de 60-63.5 estuvo el santiaguero Enrique Regueiferos, quien se enfrentó al polaco Jerzy Kulej, quien derrotó al cubano en una reñida pelea, mientras que otro santiaguero, Rolando Garbey, fue a la final de los 67-71 kg, con un rival muy superior al cubano, el soviético Boris Langutín, quien venció claramente el combate. Fueron dos medallas de plata que dieron la clarinada de lo que se avecinaba en los siguientes períodos olímpicos.

Cuatro años después, en Munich, Orlandito Martínez, en la división de 51-54 kg, logró medalla de oro enfrentándose al mexicano Alfonso Zamora en la final. Era la primera medalla de oro del boxeo cubano en juegos olímpicos. Poco después Emilio Correa vencía inobjetablemente al húngaro János Kajdi en la división de los welter. Gilberto Carrillo no pudo ante el empuje y pegada del croata Mate Parlov, y fue vencido antes de llegar al final del combate, pero Teófilo Stevenson se ciñó la corona de los pesados cuando el rumano Ion Alexe no se presentó a combate. Stevenson había derrotado por la vía rápida al norteamericano Duane Bobick y luego al alemán Peter Hussing, así que la corona bien ganada estaba. Otro cubano se alzó con el bronce en su división, Douglas Rodríguez (48-51), para que Cuba totalizara 3 de oro, 1 de plata y 1 de bronces,  y se llevará el título de campeones del boxeo en estas olimpiadas.

Con lo anterior está claro que Cuba merecía bien la sede de este evento mundial y que la calidad del mismo, sobre todo en lo que competencia se refería estaba garantizada.

Este campeonato mundial se efectuó en los días del 17 al 30 de agosto de 1974 en la Habana. Entre los favoritos estaban las escuadras soviéticas, polacas, húngaras y, por supuesto, la cubana. No obstante, se sabía que otros países podía venir con figuras de alta calidad, como era el caso de Yugoslavia, Francia, México, Venezuela y Puerto Rico, sin excluir a los americanos, país que goza de una buena tradición en este deporte.

Una pelea de las primeras de este campeonato fue la del cubano Jorgito Hernández contra el campeón olímpico, Gyorgy Gedo, que salía como lógico favorito en la división de los 48 kg. Jorgito no creyó en su rival y le dio bonita batalla en una pelea de verdadero boxeo de ambas partes y que recuerdo como la mejor de ese torneo. Gedo boxeaba a la zurda y tenía un estilo muy bonito de boxeo, pero Jorgito, una estrella en ascenso, no se amilanó y le dio tremendo combate al húngaro para llevarse la victoria unánimemente.  Con este triunfo el cubano se erigió como el nuevo favorito y no decepcionó a la afición de su país y provincia, venció inobjetablemente a Stephen Muchoki en la final de esta división para alzarse con la medalla de oro.

En los 51 kg estaba el fajador oriental cubano Douglas Rodríguez, hombre que no daba tregua a sus adversarios, lo hacía hasta con la mano lesionada, como sucedió en Munich 1972. A la final llegó contra un viejo adversario, otro gran boxeador, Alfredo Pérez de Venezuela. Aquella pelea fue de campana a campana y ninguno de los dos púgiles dio tregua en los nueve minutos de combate. Fue una pelea reñida y si los árbitros hubieran visto ganar al venezolano, creo que nadie se habría opuesto. Hay peleas donde no se sabe a ciencia cierta quién la ganó y esta fue una de ellas. Douglas se llevó la de oro, la segunda de Cuba en el evento. Douglas ya murió pero el recuerdo de sus peleas queda en la memoria de los que le vimos boxear.

En los 54 kg Cuba venía con el experimentado Jorge Luis Romero, hombre de buen alcance, con fuerza y habilidades para dar buenas peleas. Jorge Luis logró vencer al difícil David Torosián para asegurar la plata. El armenio-soviético tenía un estilo escurridizo, entraba, daba y salía corriendo para cansar a su adversario, bajaba la guardia y era para invitar a su contrario a pelear, pero luego le daba y volvía a salir. Jorge Luis no cayó en la trampa del soviético, sus golpes fueron contundentes y certeros, y si Torosián quería bailar, pues lo hizo pero con melodía cubana. Jorge Luis se había ganado las simpatías de los aficionados con su pelea combativa y decidida, pero le tocaba chocar con un tren boricua llamado Wilfredo Gómez. La pegada del bazooka puertorriqueño fue mucho para Jorge Luis, realmente el cubano salió vencido de calle y cayó redondo en el segundo asalto de este combate. Daba lástima ver a Jorge Luis vencido, luchó por la medalla como el que más, pero la calidad del boricua era indiscutible, no en balde se coronó campeón mundial profesional en 1977 al vencer al local Dong Kim Yium en la misma Corea del Sur. He leído con pena que Jorge Luis padece Parkinson, la misma enfermedad que afectó al gran Muhammad Ali.

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Las cuatro primeras doradas, Jorge Hernández, Douglas Rodríguez, Emilio Correa y Rolando Garbey

Los EE.UU. lograron su primera medalla cuando Howard Davis venció al soviético Boris Kuznetsov en los 57 kg. Aquí Cuba se llevó una de las de bronce en los puños de Mariano Álvarez. Los soviéticos, por su parte, ganaron la de oro en los 60 kg cuando Vasili Simonin venció al rumano Simion Cutov. Nuevamente Cuba se llevó otra de bronce con el boxeo de Luis Echaide.

En los 63.5 kg no hubo glorias para Cuba, Enrique Regueiferos, subcampeón olímpico en los juegos de México 1968, fue derrotado en su primer combate, lo que marcó prácticamente el retiro de este oriental del boxeo. Uganda se llevó la de oro con Ayube Kalule enfrentado con el búlgaro Vladimir Kolev. El cubano hace un tiempo que murió.

Llegaron los welter, 67 kg, donde Cuba venía con su campeón olímpico Emilio Correa, el hombre de las ráfagas de golpes al abdomen adversario. Correa paseó la distancia pero llegado al combate final venía picado debido a unos comentarios innecesarios de parte de su rival norteamericano, Clinton Jackson. Realmente hay que felicitar al estadounidense por el poder de asimilación que tuvo en el tercer asalto de esa pelea, Correa lo arrinconó contra una esquina y descargó sus acostumbradas ráfagas. Jackson había pronosticado que noquearía al cubano y el que salió casi noqueado fue el alardoso en cuestión.

En la división de los 71 kg se presentaba el subcampeón olímpico de México 1968, el cubano Rolando Garbey, un hombre que se caracterizaba por dar y no recibir, era un verdadero estilista. Su oponente en la final fue el venezolano Alfredo Lemus, hombre al que conocía y que le había resultado siempre difícil vencer. La pelea fue tan reñida como la de Douglas y Alfredo Pérez, pero personalmente si vi ganar al cubano esta vez. Uganda se llevó aquí una de bronce en los puños de Joseph Nsubuga y el otro bronce fue para el soviético Anatoli Klimanov.

En los 75 kg Cuba se presentó con el pegador santiaguero Alejandro Montoya, pegaba durísimo pero su poder de asimilación era pobre realmente. Montoya se enfrentó en su primera y única pelea contra el alemán oriental Bernd Wittenburg. En los dos primeros minutos de aquel combate Montoya le dio al alemán con todo, lo derribó dos veces, pero no lo supo rematar para lograr la victoria en ese mismo primer asalto. Wittenburg se recuperó y logró ir remontando la ventaja de Montoya, quien en el tercer round ya estaba más que cansado. El veredicto fue de 4-1 a favor del alemán, pero debió haber sido 5-0 a favor del europeo. Montoya se coronó campeón panamericano en México 1975, pero después su lugar lo ocupó otro púgil más exitoso, el tunero José Gómez.  En esa división el campeón fue el soviético Rufat Riskiev quien derrotó al rumano Alec Năstac. Wittenburg logró bronce al igual que Dragomir Vujokovic de Yugoslavia.

Mate Parlov venía como favorito en los 81 kg, era lógico como campeón olímpico que era, pero esta vez la pelea con el cubano Gilberto Carrillo fue la segunda para ambos. Carrillo le había ganado por KO al búlgaro Milan Kalinov en su primera pelea. Aquello fue una batalla campal de ambas partes, realmente nunca había visto en peleas amateurs que dos rivales se hubieran dado golpes como en esta. Carrillo tenía una pegada fantástica, muchos decían que era mejor de la que tenía Stevenson. Parlov tenía un martillo por mano, Carrillo derribó dos veces a Parlov, en una de esas el croata por poco no se levanta, pero se levantó y tumbó al cubano cuatro veces. El veredicto final fue cerrado 3-2, personalmente vi al croata ganar bien y mereció mejor decisión. Parlov finalmente se llevó la de oro al vencer al soviético Oleg Korotayev. Una de las medallas de bronce se la llevó el entonces joven norteamericano Leon Spinks, que años más tarde se coronara campeón mundial profesional en los pesos pesados. Parlov murió en 2008.

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Gilberto Carrillo a la derecha de Mate Parlov con los bronces de Isaac Khouria-y Janusz Gortat en la premiacion en Munich 1972

En más de 81 kg la estrella era el cubano Teófilo Stevenson, todos querían verle pelear y noquear. La pelea final fue contra el norteamericano Marvin Stinson. Al parecer el estadounidense dijo algo antes de la pelea, esos alardes son muy usuales en el boxeo profesional, venía de haberle ganado al yugoslavo Rajko Miljić en las semifinales, los Balcanes, mientras que Stevenson le había ganado al nigeriano Fatai Ayinla. Sin discusión Stinson le hizo oposición al cubano, pero la victoria fue para Stevenson ampliamente.

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Teófilo Stevenson

Cuba ganó 5 de oro, 1 de plata y 2 de bronce para coronarse campeón de este I campeonato mundial. Es un recuerdo grato ver tantos cubanos ganar o pelear bien. Son cosas que no se olvidan y permanecen en nuestra memoria.

Fuentes consultadas

Padrón Lemay. 2014. Mundiales de boxeo: La Habana dio el disparo de arrancada. Cubasi.cu. http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/30923-mundiales-de-boxeo-la-habana-dio-el-disparo-de-arrancada

Anon. Boxeo aficionado – Campeonato Mundial masculino 1974 – Resultados Hombres. Los Deportes Info. http://www.los-deportes.info/boxeo-aficionado-campeonato-mundial-masculino-resultados-1974-hombres-epm36667.html

Anon. Marvin Stinson. https://de.wikipedia.org/wiki/Marvin_Stinson

Escrito por Esteban Romero, 7 setiembre de 2016

Las comedias del cura Don Camilo y el Honorable Peppone

Todos prometen. Nadie cumple.
Vote por nadie
”.
Anónimo

Existen comedias que logran con éxito reflejar conflictos de la sociedad en el ámbito político e ideológico. Unas de esas son las que han versado alrededor de la figura del cura Don Camilo y la del alcalde comunista Giusseppe “Peppone” Bottazzi, magistralmente interpretados por los actores Fernandel y Gino Cervi, respectivamente.

Las tramas de esas comedias fueron tomadas de los cuentos y novelas escritos por el escritor italiano  Giovannino Guareschi dentro del ciclo llamado “Pequeño Mundo”. El cura representa el anticomunismo, la versión contraria a un alcalde muy de izquierda de un pueblo figurado y llamado Ponteratto de la cuenca del Po en Italia. La serie de novelas del ciclo de “El pequeño mundo” se compone de las siguientes partes:

  • “Don Camilo” (1948)
  • “El retorno de Don Camilo” (1953)
  • “El camarada Don Camilo” (1963)

Sin embargo, los clásicos de estas comedias en cine son cinco en total, que serán descritos más adelante.

En la confrontación de ambos personajes casi siempre vencía Don Camilo, lo cual era un fiel reflejo de la posición política de Guareschi. Por otro lado, a Peppone se le mostraba como un hombre de pocos modales, pobre educación, aunque con buenos sentimientos. En ocasiones las confrontaciones los unían por causas justas. Don Camilo siempre trataba por un problema de principios, al parecer, de irle a la contra a Peppone, así después se diera cuenta que su adversario tenía la razón y no debía siempre atacarlo.  Así y todo, se puede decir que las comedias eran entretenidas y movían a risa.

Fernandel era un comediante capaz con su mirada de provocar la risa del gran público y cuyo nombre se originó cuando su cuñada dijo: “Voici (He aquí) Fernand d’elles (Fernand de ellas)”. Fernandel era hijo de un empleado de banco, que además actuaba en un café bajo el seudónimo de Sined, o sea Denis a la inversa. El pequeño Fernand le acompañaba y fue así que rápidamente aprendió el arte de la interpretación. Junto a su hermano formó el dúo Fernand y Marcel Sined.

Fernandel en el papel de Don Camilo

Fernandel en el papel de Don Camilo

Su primer papel en cine tuvo lugar en el corto “La meilleure bobone (1930)” de Marc Allegret y Claude Heymann. En el inicio de su carrera, sus interpretaciones fueron casi siempre en dramas o comedias, generalmente dirigido por Marcel Pagnol, como:

  • Los dramas “Angéle (1934)”,
  • “Regain (1937)” (Renovado), en estos dos filmes con con Orane Demazis
  • Las comedias “Tempestad de almas (1940)”,
  • “Topaze (1951)” con Hélène Perdrière,

Luego actuó en otros filmes como:

  • El amor de Don Juan (1956)” de John Berry con Carmen Sevilla,
  • “La vuelta al mundo en 80 días (1956)” de Michael Anderson con Cantinflas y David Niven entre otros actores,
  • “El embrujo de París (1958)” de Ged Oswald con Bob Hope,
  • “La ley es la ley (1958) de Christian-Jaque con Totò,
  • “La vaca y el prisionero (1959)” de Henri Verneuil con Pierre Louis,
  • “El juicio universal (1961)” de Vittorio De Sica con Anouk Aimée,
  • “El diablo y los 10 mandamientos (1962)” de Julien Duvivier

Gino Cervi fue un actor italiano muy conocido internacionalmente. Era  en la vida real hijo del crítico teatral Antonio Cervi. Trabajó en teatro durante el período de 1924-1939 hasta llegar a convertirse en director del Teatro Eliseo de Roma. En las tablas fue un excelente comediante, donde interpretó el papel de Feste en “La duodécima noche”, y Falstaff en “The merry wives of Windsor (1939)” (Las felices esposas de Windsor)  de Shakespeare. Después de la guerra, creó su propia compañía de teatro, la que presentó obras de autores extranjeros, entre ellas “Les parents terribles (1945)” (Los terribles padres) y “El tigre de Giraudoux a las puertas (1946)”. Su mejor interpretación teatral fue la de Cyrano de Bergerac en 1953.

Gino Cervi interpretando a Peppone

Gino Cervi interpretando a Peppone

En el cine Cervi debutó en el film “L’armata azurra (1932)” (El ejército azul) de Gennaro Righelli, y su primer éxito en la gran pantalla fue cuando protagonizó el drama “Quattro passi fra le nuvole (1942)” (Cuatro pasos entre las nubes) de Alessandro Blasetti con Adriana Benetti. Luego se destacó en papeles secundarios de los filmes:

  • Los dramas “Le miserie del signor Travet (1945)” (Las miserias del Señor Travet) de Mario Soldati con Carlo Campanini y Alberto Sordi entre otros,
  • “Anna Karenina (1948)” de Julien Duvivier con Vivien Leigh y Ralph Richardson
  • En los filmes históricos o de leyendas “Guglielmo Tell (1948)” de Giorgio Pastina,
  • “Nerone e Messalina (1949)” de Primo Zeglio con Paola Barbara
  • “La regina di Saba (1952)” (La reina de Saba) de Pietro Francisci con Leonora Ruffo
  • El film de aventura “Les trois mousquetaires (1953)” de André Hunebelle, donde Cervi interpreta el papel del mosquetero Portos
  • El drama “Estación Termini (1953) de Vittorio De Sica con Jennifer Jones y Montgomery Clift, donde encarna a un agente policíaco de buenos sentimientos,
  • “Il Cardinale Lambertini (1954)” de Pastina
  • La comedia “Guardia, guardia scelta, brigadiere e maresciallo (1956)” de Bolognini con Alberto Sordi, Nino Manfredi y Aldo Fabrizi
  • Los dramas “Bajo el signo de Roma (1958)” de Michelangelo Antonioni y Guido Brignone con Anita Ekberg y Chelo Alonso,
  • “La maja desnuda (1959)” de Henry Koster con Ava Gardner y Amedeo Nazzari,
  • “Becket (1964)” de Peter Glenville con Richard Burton y Peter O’ Toole

Los dos primeros filmes de estas historias fueron dirigidos por Julien Duvivier, en este caso, “Don Camilo (1952)” y “Le retour de Don Camilo (1953)” (El regreso de Don Camilo). En la primera comedia se ve el odio/amor que siente cada uno por el otro.. Cada uno con su tema, el cura quería crear el Jardín de la Ciudad, el alcalde la Casa del Pueblo. Las divergencias entre ateos y religiosos saltan a la luz, pero también las de pobres y ricos.  En el segundo filme, a Don Camilo la iglesia lo manda a otro sitio lejos de Ponteratto, por lo que el alcalde se creyó dueño y señor del pueblo, pero que tropieza con la oposición de un terrateniente a la construcción de un embalse para evitar las inundaciones que ocurrían con frecuencia. Peppone hizo su mayor esfuerzo pero no consiguió su objetivo, por lo que mandó a buscar a Don Camilo.

Afiches de las dos películas de Don Camilo dirigidas por Julie Duvivier

Afiches de las dos películas de Don Camilo dirigidas por Julien Duvivier

Las siguientes dos películas fueron dirigidas por Carmine Gallone, ellas fueron “Don Camilo e L’Onorevole Peppone (1955)” y “Don Camillo monsignore… ma non troppo (1961)” (Don Camilo Monseñor…. pero no tanto). En el primer filme Don Peppone se prepara para integrar el parlamento italiano, algo que no gusta nada al cura Don Camilo, por lo que este decide realizar lo que sea necesario a fin de prevenir que Peppone ascienda en su vida. El Todopoderoso le aconsejó a Don Camilo de no hacer contra esta nueva actividad de Peppone, pero el buen cura no le hizo mucho caso y organizó toda una campaña contra Peppone.  En el filme de 1961 aparece un Don Camilo obispo, mientras que Peppone ya es senador, la rivalidad continua entre ambos y se agudiza cuando el cura se entera que el senador quiere construir una casa-asilo en un antiguo lugar donde existe una vieja iglesia.

Afiches de las películas de Don Camilo dirigidas por Carmine Gallone

Afiches de las películas de Don Camilo dirigidas por Carmine Gallone

El quinteto de filmes de estas historias concluyó con “El camarada Don Camilo (1965)” del director Luigi Comencini, donde se ve como Brescello (aquí no se habla de Ponteratto), comune de la provincia de Reggio Emilia, se hermana con un pueblo de la entonces existente Unión Soviética. A tales efectos se organiza una recibida calurosa al camarada  Brezwyscewski, algo que no fue del gusto de Don Camilo. Brezwyscewski, por su parte, los invitó visitar Moscú y de alguna manera el párroco acabará formando parte de la comitiva italiana, en la que también se incluyen Pepone y su mujer.  Don Camilo viaja con papeles falsos que responden al nombre del camarada Tarocci. Ya se pueden imaginar el resto de la visita en la URSS, donde el programa de visita incluía comidas y cenas, visitas a museos y teatros.

Afiche de "El camarada Don Camilo" filme dirigido por Luigi Comencini

Afiche de “El camarada Don Camilo” filme dirigido por Luigi Comencini

En décadas recientes el actor italiano Terence Hill interpretó el papel de Don Camilo, pero sin quitarle mérito, las interpretaciones de Fernandel de este personaje son insustituibles e inolvidables.

Información preparada por Esteban Hernández, 29 agosto 2016 y basada en su obra inédita “Grandes del cine clásico de todos los tiempos, actrices y actores”, vol I.