George Armstrong Custer, ¿héroe o villano?

El alma no tendría arco iris, si el ojo no tuviera lágrimas.”
Viejo proverbio indio norteamericano

El título de este artículo sobre el personaje en cuestión podría ser ¿célebre o tristemente célebre? Se trata de un militar muy controvertido y del cual Hollywood ha hecho varias películas, en algunas con nombres falsos, ya que a los directores les daba miedo poner el nombre real a un exterminador de indígenas.

George Armstrong Custer viene a ser un ejemplo de personas que aún abundan, seres vanidosos, narcisistas, errados en sus juicios y decisiones, verdaderos farsantes, pero con algunas virtudes. Sí, debemos acostumbrarnos a ver las cosas en sus distintos colores, y no en blanco y negro.

George Armstrong Custer

George Armstrong Custer

Custer nació el 5 de diciembre de 1839 en New Rumley, Estado de Ohio, hijo de un inmigrante holandés y de madre de origen irlandés. En realidad su apellido era Küster, el cual se cambió a Custer, ya que su padre había sido un mercenario en las filas del ejército británico durante la guerra de independencia de EE.UU. Custer pasó parte de su juventud en casa de su media hermana en Monroe, Michigan. Su primera graduación fue en la Escuela Normal McNeely en Ohio, en 1856. Poco después decidió ir a estudiar a la Academia Militar de West Point, donde fue todo un desastre como estudiante indisciplinado, bebedor de whiskey y muy amonestado/sancionado por su conducta. Finalmente se graduó en 1861, fue el último de su promoción, acumuló 726 faltas en sus cuatro años de estudios. A su favor, el hecho de querer enrolarse en el ejército de la Unión.

En plena guerra de secesión, entró en combate como segundo teniente en la Batalla de Bull Run (21 julio 1861). Los oficiales se dieron cuenta que Custer era un hombre de coraje y que no huía al fuego enemigo. Uno de esos oficiales fue el Mayor General George B. McClellan, jefe máximo del Ejército del Potomac, además del General Philip Sheridan, bajo cuyo mando Custer combatió. A la edad de 23 años, en 1863, se convirtió en brigadier general de los Voluntarios y dirigió la Brigada de Caballería de Michigan, la que estaba compuesta por cuatro regimientos, muchos de ellos del mismo lugar donde pasaba estancias con su media hermana. En la guerra se ganó el apodo de Niño General y se distinguió en las batallas Gettysburg (1-3 julio de 1863), donde capturó 720 prisioneros de la caballería del General Jeb Stuart; la batalla de Yellow Tavern (11 mayo 1864), donde Stuart cayera en combate; y la tercera batalla de Winchester (19 setiembre de 1864), por lo que a la edad de 25 años se le nombró mayor general. En los finales de la guerra, se hizo famoso cuando persiguió sin descanso al ejército norte de Virginia comandado por el General Robert E. Lee, lo que provocó la rendición de esta importante tropa en la Appomattox Court House en Virginia, el 9 de abril de 1865. Custer no lo pensaba mucho para atacar con sus hombres a cuanto rival se le enfrentara. Pocos le concedían la posibilidad de victoria en sus muchas atrevidas incursiones. Era un hombre osado y buen jinete, pero igualmente cruel, mataba sin piedad a muchos de los guerrilleros confederados capturados en acción, era implacable con los desertores y, cuando era necesario, pegaba latigazos a cualquier soldado que se mostrara cobarde o tímido en el combate.

Fue tanta su fama y méritos durante la guerra, que ya había algunos pensando en la posibilidad de postular a Custer para ocupar la presidencia de los EE.UU. Por suerte, el valiente vanidoso ni se presentó para optar por semejante puesto. Ese lugar lo logró en elecciones el General Ulysses S. Grant en 1869.

Finalizada la guerra, los voluntarios fueron liberados y Custer fue nombrado capitán del ejército regular de EE.UU. Más tarde fue promovido a teniente coronel y luego comandante del nuevo Séptimo Regimiento de Caballería, al cual se le ordenó marchar al Kansas occidental para tomar parte en la expedición del Mayor General Winfield S. Hancock y combatir la hostilidad de los indígenas.

En una guerra de carácter irregular, Custer se comportó como el indisciplinado de siempre. Siguió fusilando desertores sin juicio alguno y en un momento de tensión cuando se esperaban suministros importantes en el Fuerte Wallace, donde se hallaba, tuvo la errada idea de ir a visitar a su esposa, Elizabeth (Libbie) Bacon Custer, en el Fuerte Riley. Por esta conducta irresponsable una corte marcial, en el Fuerte Leavenworth, lo suspendió de servicio y salario por un año, además de ser degradado militarmente.

Custer no dejaba de ser un hombre muy presumido y narcisista. Perfumaba su cabello, sus uniformes podían ser chaqueta de terciopelo brocado rubio o piel de alce, con corbata roja y sombrero de ala ancha, para protegerse del sol. Fue siempre un hombre muy apegado a su esposa, a la cual adoraba y era correspondido en reciprocidad por su querida Libbie.

Al año de la sanción, setiembre de 1868, volvió al servicio en el 7mo. regimiento de caballería en el sudoeste de Kansas. Dos meses después participó en una matanza despiadada de indios en el Río Washita, lugar habitado por cheyennes, donde se suponía estaba escondido el cacique Caldera Negra. La realidad es que el ataque exterminó niños, mujeres y ancianos indios, Caldera Negra había vuelto a escapar. Esta masacre conducida por el Coronel Chivington en poco se diferenciaba de la sucedida en Sand Creek en 1864, donde nuevamente los débiles morían. Era la primera victoria, pírrica por cierto, de las tropas sobre los indígenas. En la de Río Washita, Custer no dejó de destacarse con su crueldad innata. Ciento cinco indios murieron, de ellos solamente 28 guerreros. Los cadáveres fueron mutilados y les cortaron las cabelleras, una costumbre de los blancos, no de los indios como Hollywood nos ha hecho creer.

En 1874 Custer estaba en servicio en el campamento de Hidden Wood Creek, fue entonces informado de supuestos depósitos de oro en las Colinas Negras del Territorio de Dakota (ahora limite entre Dakota meridional y el noroeste de Wyoming). Ese lugar era considerado como lugar de caza sagrada por los Sioux Lakota. Las informaciones sobre el oro existente eran exageradas, pero el gobierno de EE.UU., en enero de 1876, ordenó que los Sioux y los Cheyennes se trasladaran del lugar, caso contrario se consideraría un acto de hostilidad.

Ya las tribus indias del lugar no estaban dispuestas a seguir aceptando los caprichos del gobierno solo por satisfacer las necesidades de los invasores de piedra amarilla, como así llamaban al oro. El líder Toro Sentado, un hombre muy religioso y partidario de la paz, no tuvo otra alternativa que unir a las tribus circundantes para enfrentar la prepotencia y abuso de los blancos. Su causa tuvo buena acogida a la que se unieron guerreros de todas las tribus, casi todos concentrados a lo largo del río Bighorn al sur del territorio de Montana.

Toro Sentado

Toro Sentado

La respuesta del gobierno no se hizo esperar, tres columnas del ejército, una para el Este, otra para el Oeste y la última para el Sur del territorio Sioux. Buena parte de esta tropa era la 7ma. Caballería de Custer dentro de la columna de Dakota al mando del Brigadier General  Alfred H. Terry, los que partieron del oeste desde el Fuerte Abraham Lincoln a mediados de mayo de 1876.

Los exploradores de Custer habían logrado identificar el lugar donde se asentaba Toro Sentado, por lo que él decidió, sin pensarlo mucho, atacar con su caballería en el Valle de Little Bighorn. La idea del osado oficial era atacar para no dejar escapar a los Sioux y Cheyenne del cerco que les montaría. El 25 de junio se dio la voz de combate, no sin antes dividir su tropa en tres batallones, uno para atacar el poblado indígena, otro para interceptar a todo indio que fuera en esa dirección, y un tercero, bajo su mando directo, para atacar por el norte del poblado. Se creyó con la razón, pero se equivocó enormemente, no sabía a la tropa que se enfrentaría, incluso el armamento disponible, vendido por los mismos mercaderes blancos a los indios. Era un combate de 800 soldados contra cerca de 2000 indios.

La batalla, que tuvo lugar el 25 de junio de 1876, duró un par de horas aproximadamente, los indios le cortaron el paso a los 210 soldados bajo el mando directo de Custer y casi todos perecieron en la lucha, excepto un oficial llamado Comanche, muy herido, el cual sobrevivió y aparecía en los desfiles de la 7ma. Caballería. En esa batalla cayeron también los hermanos de Custer, Boston y Tom, además de un sobrino y un cuñado. Los indios lograron llevarse entre 80 y 90 caballos para continuar la guerra impuesta. Dos días después del combate a Custer se le encontró desnudo, con dos heridas de bala,  una en el pecho y otra cerca de su rostro, le habían cortado la falange del dedo izquierdo y su larga cabellera. También le abrieron los tímpanos con flechas, dicen para que oyera los ruidos de expediciones no punitivas en el futuro, las que favorecían la no agresión a la nación india.

A la hora de analizar la derrota sufrida, surgieron las más variadas hipótesis, una era que Custer no se llevó una batería de ametralladoras. Como estaba de prisa, decidió prescindir de esas armas. Podía esperar por el refuerzo de cuatro compañías, de nuevo, la prisa no le dejó esperar. Igualmente se llevó sables empaquetados, que no los pudo usar en el combate. Interesante, nada sobre la astucia y valor de los indios, ya que para los supremacistas blancos eso no podía ser la causa, era la equivocación del mando militar, que de haberlo hecho bien, no habría sido derrotado. Esto que se dice aquí es lo que algunos historiadores han afirmado. Es cierto que militarmente Custer cometió todo un disparate al dividir su tropa en tres partes, pero el mérito de los indios y de su mesurado jefe, Toro Sentado, es indudable y nadie puede ignorar.

A Custer se le hizo una ceremonia de sepultura en West Point, donde fue exaltado por su heroicidad en la Guerra Civil. Después vinieron libros y filmes, donde él era todo el héroe y los indios eran menospreciados, a los que se les consideraba como gente sedienta de sangre, algo muy lejos de la realidad. Es cierto que Custer era un hombre que no cedía en combate, siempre corajudo ante su rival, lo cual no quiere decir que tuviera la razón en todo lo que hacía. El tratamiento que él dio a los indios es deplorable y no fue de palabra, fue de muerte. Su actitud relacionada con el oro de las Colinas Negras era totalmente de su interés personal también y no cejó en hacer todo lo posible para la explotación de un oro realmente inexistente.

Fuentes

Anon. 2015. Custer, George Armstrong. Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite.  Chicago: Encyclopædia Britannica.

Anon. 2018. George Armstrong (el general) Custer. Catalunyavanguardista 5 Dic. https://www.catalunyavanguardista.com/george-armstrong-el-general-custer/

Anon. George Armstrong Custer. Buscabiografías. https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/5734/George%20Armstrong%20Custer

Lagunilla Palma. Custer, el militar vanidoso. Muy historia. https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/custer-el-militar-vanidoso-651456305962

Reverte Javier. 2006. Al mando del Séptimo de Caballería. El País, 12 Jun. https://elpais.com/diario/2005/06/12/eps/1118557621_850215.html

 

 

Escrito por Ricardo Labrada, 16 agosto de 2019

Un pensamiento en “George Armstrong Custer, ¿héroe o villano?

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