Diez pensamientos del Lugarteniente general Antonio Maceo y Grajales

Con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted
al dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más
bravo de mis amigos y pierde en fin el ejército libertador a la
figura más excelsa de la Revolución

Carta del General Máximo Gómez a María Cabrales, esposa
de Antonio Maceo, después de conocer de su caída en combate

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Antonio Maceo y Grajales

Hoy 7 de diciembre de 2016 se conmemoran 120 años de la caída en combate del ilustre patriota cubano Antonio Maceo, más conocido como el Titán de Bronce, hombre que fue una figura relevante en la lucha por la independencia de Cuba contra el colonialismo español y que jugara papeles importantes de liderazgo durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y luego en la Guerra de Independencia (1895-1898).

Maceo nació el 14 de junio de 1845 en Santiago de Cuba, hijo de venezolano, Marcos Maceo, y de Mariana Grajales, mujer de origen dominicano, de cuya unión surgieron nueve hijos (hay otra fuente que habla de 13 hijos), todos los cuales fueron educados en una disciplina férrea y en la voluntad de liberar a Cuba del yugo imperante. Su padre Marcos, cosas de la vida, cayó en uno de los primeros combates de la contienda de los Diez Años, fue en una batalla cerca de Las Tunas. Marcos era parte de la tropa comandada por su primogénito, el joven Antonio.

Cuando en 1878 se firmó la paz de Zanjón con las fuerzas coloniales, no tardó Maceo en realizar su famosa protesta en lugar conocido como Mangos de Baragua (actual central Mella cercano a Palma Soriano), donde rechazó los términos de esa paz. Desgraciadamente la lucha se hizo agua cuando parte de los sublevados habían ya dejado las armas.

Luego indirectamente participó en la llamada Guerra Chiquita en 1879, contienda en la que no tomó acción por haber sido designado Calixto García como jefe principal. No era secreto que dentro de las tropas insurgentes existían prejuicios raciales y fue esa la razón de enviar previamente a Calixto García en su lugar.  Esa contienda duró realmente muy poco.

Los máximos líderes de la invasión de oriente a occidente en 1896, en la última guerra, fueron precisamente los jefes militares de la Guerra iniciada en 1895, Máximo Gómez y Antonio Maceo. Ellos no delegaron en nadie, era un deber ir en primera línea en esa batalla crucial. Maceo llegó hasta Mantua en el extremo occidental de la isla y de ahí regresó a la Habana participando en cruentos combates. Fue en Punta Brava donde el Titán encontró su final el 7 de diciembre de 1896. Allí fue herido mortalmente junto al hijo de Máximo Gómez, Panchito Gómez Toro, y ambos fueron rematados a machetazos por la tropa española bajo las órdenes del Comandante Cirujeda. Para suerte de los caídos, las tropas colonialistas no identificaron a sus víctimas, por lo que después sus cadáveres fueron rescatados y yacen en el Cacahual.

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Monumento a Antonio Maceo

Hay quien dice que Maceo era sólo militar y se equivoca, aquí van diez de sus pensamientos, que realmente tienen mucha actualidad y demuestran la profundidad de su pensamiento:

  • La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos.
  •  Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.
  • Cuba no debe ni puede esperar soluciones extrañas; su porvenir está en hacerse reina absoluta de sus destinos y recoger a sus hijos proscritos por la tiranía de su opresor.
  • Con la soberanía nacional obtendremos nuestros naturales derechos, la dignidad sosegada y la representación de pueblo libre e independiente.
  • Los imperios fundados por la tiranía y sostenidos por la fuerza y el terror, deben caer con el estrépito de los cataclismos geológicos.
  • Una República organizada bajo sólidas bases de moralidad y justicia es el único gobierno que, garantizando todos los derechos del ciudadano, es a la vez su mejor salvaguardia…Inquebrantable respeto a la Ley y decidida preferencia por la forma republicana, he ahí concretado mi pensamiento político.
  • Protestaré con todas mis fuerzas y rechazaré indignado todo acto ilegal que pudiere intentarse vulnerando los sagrados fueros y derechos del pueblo cubano.
  • Nuestras aspiraciones son amplias, y en ellas caben todos los hombres, cualquiera que sea su modo de pensar y el juicio que formen de las cosas.
  • El porvenir de Cuba le pertenece a un pueblo entero y no tenemos derecho a disponer de él en discordia con sus intereses político-sociales.
  • Muévenos sobre todo el triunfo del derecho de todas las generaciones que se sucedan en el escenario de nuestra Cuba.

Escrito por Ricardo Labrada, 6 diciembre de 2016

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