Vida y gestión de Maximilien Robespierre

Quien a hierro mata, a hierro muere

Formulación de la bíblica ley del Talión

Viendo la danza de políticos en la escena mundial en próximas elecciones, no sé por qué he recordado en estos días cada vez más a Maximilien Robespierre, que para el que suscribe, no es más que una figura brillante al inicio de su carrera y luego tristemente célebre. Es posible que ese recuerdo esté dado por la posibilidad que actualmente surjan nuevos “salvadores” y que puedan evolucionar convirtiéndose en déspotas como lo fue el personaje de referencia al final de su efímera carrera como gobernante.

Maximilien Robespierre nació el 6 de mayo de 1758 en Arras, Francia, hijo de Maximilien-Barthélémy-François de Robespierre, abogado ante el Consejo Supremo de Artois, y de Jacqueline-Marguerite Carraut, hija de un cervecero de Arras. Los padres de Robespierre se casaron en enero de 1758, por lo que Maximilien había sido engendrado antes de la unión familiar de sus padres. Se dice que el viejo Maximilien Barthélémy emigró a EE.UU.  y abandonó a su familia a su suerte después de 1764. La pareja llegó a tener cuatro hijos más. La realidad es que el viejo Maximilien-Barthélémy no llegó a emigrar al nuevo hemisferio. Eso fue lo que él le dijo a un abad, amigo suyo. En 1956 se encontró el acta de sepultura de ese señor, que indicaba su fallecimiento en Múnich en 1777, donde había ejercido como profesor de idiomas.

Robespierre

Maximilien Robespierre

Maximilien estudió con ahínco en escuela de Arras, a su vez criaba palomas en el jardín de su casa. Era un lector voraz, cuanto caía en sus manos él se leía. Poco a poco él sintió la necesidad de ennoblecer su nombre, sentía el desprecio hacia él de parte de los más opulentos. En los libros del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau encontraba su inspiración, ahí veía que los nobles eran privilegiados gracias a una fortuna usurpada al resto de la población. Esa visión de la vida le convirtió en una persona austera.

Para suerte de Maximilien, él contó con la protección del obispo de la ciudad y así obtuvo beca para estudiar en el colegio Luis el Grande de París. Realmente él era un estudiante muy dedicado y la beca muy merecida. En ese período de becario pudo conocer al que fuera luego periodista, Camille Desmoulins, con quien tuvo buena amistad desde entonces.

En 1778, Maximilien logró visitar a su inspiración, al gran Rousseau, quien murió en ese mismo año, pero cuyo encuentro marcó bastante en la vida de Robespierre. Ya en ese entonces estudiaba en la Escuela de Leyes, igualmente por beca, donde se graduó en  1781. Posteriormente regresó a Arras, donde comenzó a trabajar en su profesión. Robespierre, en sus inicios como profesional, era un defensor de la monarquía existente.

Poco antes que estallara la Revolución Francesa fue electo diputado de los Estados Generales que se convocaron en mayo de 1789. Sirvió en la Asamblea Nacional Constituyente y allí, como todos los grandes populistas de todos los tiempos, se destacó por sus discursos, instrumento muy útil para engatusar a las masas. En 1790 se presentaba como enemigo de la monarquía y se unió a la izquierda, representada por los jacobinos, llegando a ser presidente de los mismos. Sus discursos fueron numerosos, en ellos se mostraba a un hombre firme defensor de las reformas democráticas. La metamorfosis política tenía ya lugar.

Asamblea nacional francesa

En agosto de 1792 la monarquía francesa fue abolida y Robespierre fue electo diputado de la Convención Nacional por París. Tampoco dudó en reclamar la ejecución de Luis XVI, que cualquiera diría que era normal. Se equivoca quien así lo piense, Robespierre antes de involucrarse en el movimiento revolucionario era un opositor de la pena capital. En ese mismo 1792, denunció el conflicto de Francia con Austria y se declaró enemigo de la guerra.

Robespierre adoptó como objetivo principal luchar contra el escritor y político girondino Jacques Pierre Brissot y aquellos que les apoyaban. Gracias al apoyo de la Comuna de París y de las asambleas de sans-culottes (descamisados) de los distritos de la capital francesa, consiguió que fueran excluidos en mayo de 1793. De hecho Brissot era partidario de la república, pero era del criterio de sostener la guerra con Austria. Al ser excluido de la Convención huyó, y en octubre de 1793 guillotinado.

En ese mismo año de 1793 el abogado Robespierre era otra persona. La democracia que tanto había reclamado pasó a un segundo plano. Continuó su ascenso y adquisición de más poder, era parte del Comité de Salvación Pública y logró controlar el gobierno, ya no había oposición, era él de hecho el nuevo rey sin llamarse así.

Con ayuda del Comité de Salvación, que debió llamarse Comité del Terror, comenzó la purga más intensa que se haya conocido en la historia de Francia. Para Robespierre los moderados eran tan enemigos como sus opositores. Sin embargo, a su favor hay que reconocer que nunca se puso del lado del periodista ultrarrevolucionario Jacques Hébert, editor del periódico Le Pere Duchesne, pero tampoco apoyó a los moderados encabezados por Georges Jacques Danton, su amigo Desmoulins y Fabre D´´Eglantine. Al final los líderes de ambas facciones fueron ejecutados poco después que  el médico Jean-Paul Marat fuera asesinado a manos de la girondina Charlotte Corday.

Ejecución en la guillotina

La guillotina era la vía de ejecución

Otra medida descabellada del gobierno de Robespierre fue el culto al Ser Supremo, algo que venía de las ideas de Rousseau. Se buscaba reemplazar con este culto a la religión católica pero tampoco se hacía favorable al ateísmo. Era una especie de religión laica, donde se exaltaba a un ser supremo, quien no  intervenía en el destino de los hombres, algo igualmente abstracto. Por supuesto, católicos y ateos no estuvieron de acuerdo con el decreto al efecto, pero los “descamisados” de la capital si lo apoyaron. Esa especie de deificación se ejecutó por primera vez en el funeral de Marat.

El Comité de Salvación Nacional y su líder Robespierre no vacilaron en implantar la acción que ellos denominaron “Terror”, o sea la aplicación inmediata de la justicia en defensa de la Virtud y del bien público. La realidad francesa fue que miles de personas fueron ejecutadas en la guillotina, y no eran solo los contrarrevolucionarios, no, igualmente hombres y mujeres que apoyaron el nuevo régimen implantado. Bastaba la sospecha para que viniera la ejecución. Lo absurdo es que Robespierre, el enemigo de la pena capital, se convirtió en su primer defensor. Veamos una parte de lo que escribió sobre este asunto en La Teoría del Gobierno Revolucionario:

El gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil; y el gobierno revolucionario de la libertad pública. Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público; bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. El gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte”.

No es que el terror fuera algo nuevo. Las monarquías y el clero habían impuesto sus regímenes absolutos a base de mucho terror, pero su uso posterior dentro de la nueva república francesa sentó un mal precedente para el futuro. No puede haber democracia con terror. La idea de esterilizar la sociedad con matanzas despiadadas y masivas es propia de los regímenes absolutistas, sean monárquicos o republicanos, de izquierda o de derecha. La teoría del terror fue luego utilizada en otras revoluciones, Lenin decía que al terror blanco (la contrarrevolución), se le oponía con el terror rojo. Hay muchos ejemplos de terror. Ninguna dictadura puede sostenerse en el poder sino es con ayuda de sus fuerzas represivas, la prohibición, la censura y la persecución a todo aquel que se les oponga.

Todo tiene su final, lo que sucede es que ha habido dictadores que han muerto tranquilos en sus lechos y no han tenido que pagar por nada de sus desmanes, e incluso una parte de la población suele recordarles como salvadores de la patria. Robespierre no tuvo la suerte de morir tranquilo.

El dictador pronunció un discurso el 26 de julio de 1794 (por el calendario francés republicano era el 8 de termidor del año II de la república), donde nuevamente se presentó anunciando que revelaría una nueva lista de traidores a la revolución. En eso era indetenible. Su colaborador en el terror impuesto, Louis Antoine de Saint Just, se acercó a Robespierre al siguiente día con un informe a presentar y algunos diputados realmente se atemorizaron, pensaron que ahí estaba la nueva lista de la que había hablado Robespierre. Los diputados comenzaron a gritar y a interrumpir la exposición de Saint-Just. Allí Robespierre, su hermano Augustin, Philippe Le Bas y George Couthon, miembros del Comité de Seguridad, fueron detenidos y luego liberados, los que finalmente se refugiaron en el edificio del ayuntamiento con protección militar de parte de la tropa del general Hanriot. El lugar fue asaltado por los sublevados y Robespierre ya herido en la mandíbula, fue nuevamente apresado. Al siguiente día, 28 de julio de 1794, fue llevado a la Plaza de la Concordia, en aquella época llamada de la Revolución, donde fue guillotinado conjuntamente con otros veintiún colaboradores, entre ellos Saint-Just, Couthon y el general Hanriot. El cuerpo del dictador fue llevado a una fosa común en el cementerio de Errancis, al cual se le vertió cal viva para borrar los rastros.

La democracia republicana desembocó en Terror, realmente se desvió y mucho tuvieron que ver los factores subjetivos en esta desviación.  La democracia requiere de muchos pocos y uno de ellos es el gobierno conjunto y no unipersonal, el gobierno prestando oído a las masas del pueblo y procurando el bienestar de todos, además de moderación y tolerancia con los opositores. No todos en una sociedad tienen que pensar igual, las personas no son robots, y derecho tienen a pensar, opinar y discrepar. Robespierre lamentablemente equivocó el rumbo y con ello Francia volvió años después a ser dominada por nuevos monarcas.

Bibliografía consultada

Anon. Maximilien de Robespierre. Biografías y vida. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/robespierre.htm

Anon. Maximilien Robespierre. Buscabiografías.com. http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/744/Maximilien%20de%20Robespierre

Anon. Biografía de Robespierre – Quién fue. Quien.net. http://www.quien.net/robespierre.php

Anon. Biografía de Robespierre-Resumen Ejecución de Jacobinos, Fin del Terror. Grandes Biografías. http://historiaybiografias.com/robespierre/

Muñoz Fernández Víctor. 2012. Robespierre y su dictadura del Terror. Red Historia, 9 oct.. http://redhistoria.com/robespierre-y-su-dictadura-del-terror/

Escrito por Ricardo Labrada, 11 de junio de 2016

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