Julián Acuña Galé, ejemplo de científico de un país en desarrollo

Equipado con sus cinco sentidos, el Hombre explora el Universo
que lo rodea y a sus aventuras las llama Ciencia.”
Edwin Powell Hubble

Por Ricardo Labrada

En 1969 me iniciaba profesionalmente y meses después de haber participado en las masivas aplicaciones de herbicidas en caña de azúcar en las antiguas provincias de Camagüey y Oriente, me habían trasladado a la Habana para trabajar en el grupo de pruebas de herbicidas, que a su vez realizaba alguna que otra investigación en ese entonces.

Uno de los problemas que vi desde un inicio era la carencia de conocimientos de las malezas con las que teníamos que trabajar. Existía literatura nacional, estaba la Flora de Cuba, los libros del Profesor Juan Tomás Roig, y a su vez otros escritos por otro profesor, Julián Acuña. Los autores de la flora fue el cura Sauget y colaboradores que ya no existían, Roig había muerto, así que sin remedio había que apelar al Profesor Acuña.

Conocíamos muchas plantas por sus nombres vulgares y Juan Tomás Roig había publicado dos magníficos tomos sobre sinonimia de nombres de plantas. Había un problema, a una planta le llaman de una manera en la Habana y la misma tiene otros nombres en otras provincias. La solución era buscar los nombres científicos de esas plantas para realmente identificarlas como era debido.

A este asunto realmente no se le dio mucho calor hasta 1972 cuando se designó a un maestro agrícola (técnico medio) para realizar un herbario en vivo de las malezas más comunes. La Universidad Central de las Villas tenía un excelente profesor entonces, pero la distancia era un problema. No había más remedio que acudir a Acuña, quien aún estaba activo como consultor en la Estación Experimental de Santiago de las Vegas.

Junto con el colega designado nos fuimos a ver al Profesor, llevábamos consigo alrededor de 12 plantas para identificar. Esperamos un ratito y una secretaria nos dijo que el Profesor ya llegaba. Realmente caminaba con dificultad y su visión no era nada buena en ese momento. La primera planta que le di, sabíamos su nombre sin problemas, pero queríamos saber su opinión sobre ella y por qué era un problema severo en nuestros campos. Me refiero a la sancaraña, que en gran parte de América Latina le llaman La caminadora, Rottboellia cochinchinensis (Lour.) Clayton, cuando aquello aún se llamaba Rottboellia exaltata L.f. Acuña la manoseó y acto seguido nos dijo Manisuris exaltata, nombre anterior de la planta. El profesor agregó que esa planta no era oriunda del país y que él creía que fue introducida en granos de arroz durante las dos primeras décadas del siglo XX, ¿de dónde?, no estaba seguro si venía de EEUU o de algún país asiático. Nosotros le informamos de la problemática actual con esa planta en los cañaverales, él nos respondió que así sucede con plantas exóticas, pero que su importancia habría comenzado ahora, pues antes no era problema realmente. Cuando aquello no dominábamos el asunto del poder invasivo de las plantas exóticas y el tiempo que requieren para establecerse y comenzar su ascenso poblacional.

Julián Baldomero Acuña Galé

Julián Acuña Galé

El profesor tomó tres plantas más, dio sus nombres, siempre con una información adicional sobre las mismas y donde se pueden encontrar con más frecuencia. Ya estaba viejo y no se veía bien físicamente, pero su mente estaba clarísima.

Mi compañero continuó visitándole semanalmente para identificar otras plantas, y un día, después de algunas de sus visitas, me dio una información sobre la vida de esta persona, con la que pudo conversar largamente. Los datos de este científico que damos a continuación vienen de parte de este colega de trabajo, de lo que hemos leído sobre su vida y relatos también de su difunto sobrino Dr. Jorge Ovies, con quien trabajamos durante años.

Julián Acuña Gales nació en Camagüey el 27 de febrero de 1900, hijo de un pequeño agricultor, dueño de algo más de seis hectáreas de terreno, quien entrenó a sus hijos a trabajar en el campo desde temprana edad. De los esbozos biográficos que he leído, todo es color de rosa, pero Acuña le confesó a mi compañero que no sabía leer a los 17 años. Dicen que su madre era la educadora de la familia. Habría que ver qué tiempo tenían él y sus hermanos para estudiar después de una jornada dura en el campo.

No obstante, en su juventud aprendió a escribir y leer, lo que unido a sus conocimientos de la flora y fauna, y de la agricultura del lugar, le posibilitó que a los 18 años comenzara a estudiar en la Granja Escuela Agrícola de Camagüey, donde además de cursar sus estudios para maestro agrícola, comenzó a preparar una colección de insectos económicos. Por el interés que Acuña mostraba en sus estudios, fue recomendado para continuar trabajando en la Granja en actividades de investigación y docencia.

El profesor Acuña pasó a trabajar en Comisión a la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, donde mismo le conocimos. Allí permaneció hasta su retiro en 1970, aunque continuó dando consultorías hasta el final de su estancia en su tierra natal. En 1921 se ganó la selección para ocupar una plaza de Alumno Ayudante en la Estación, donde trabajó con el experimentado Dr. Stephen C. Bruner, un hombre que hizo aportes importantes en Cuba sobre todo en entomología. Dos años más tarde Acuña comenzó a estudiar la carrera de ingeniería agronómica en la Escuela de Ingeniería Agronómica y Azucarera, de la Universidad de la Habana, estudios que terminó en 1930, eso sin dejar de realizar tareas de investigación.

En 1932 Acuña viajó a EEUU, donde tuvo una pasantía en el New York Botanical Garden, y a su regreso a Cuba fue nombrado jefe del Departamento de Botánica de la Estación Experimental de Santiago de las Vegas, donde ocupó también el cargo de Director en el período de 1934-36, aunque igualmente lo fue provisionalmente varias veces. A la vez brindó asesorías al BANFAIC (Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba), y de varias comisiones nacionales.

Acuña fue un maestro de la taxonomía y realizó varios estudios botánicos en diferentes cultivos. Su herbario llegó a contar con más de 19 mil plantas. Otro aporte fue el Catálogo Descriptivo de Orquídeas cubanas. Desarrolló un trabajo en arroz tendiente al conocimiento de la raya blanca en el cultivo e igualmente introdujo plantas forrajeras para el mejoramiento de la ganadería.

Catálogo descriptivo de las orquídeas cubanas

Portada del catálogo descriptivo de las orquídeas cubanas

Entre sus publicaciones más notables, entre otras, están:

• Plantas indeseables en los cultivos cubanos, Imprenta Academia de Ciencias, BANFAIC, La Habana, 1972.
• 1938. Catálogo descriptivo de las orquídeas cubanas
• 1970. Plantas Melíferas de Cuba. Serie Agrícola No. 14. Academia de Ciencias de Cuba, 67 pp.

Su labor taxonómica igualmente tocó aspectos de la fauna cubana, donde identificó 71 nuevas especies de insectos, una de moluscos y una de lagartijas, aparte de haber identificado 47 especies de plantas, algunas ellas nombradas con su apellido, como el cactus Melocactus acunai y Malpighia acunana.

Bajo la dirección del Prof. Acuña se inició el estudio de la biología y el cultivo del kenaf, a través del desarrollo anatómico y la morfología del tallo, la composición química de las plantas, los elementos fibrosos y no fibrosos de las paredes celulares, el comportamiento fotoperiódico y la obtención de nuevas variedades, su comportamiento frente a los nemátodos y frente a la antracnosis -principal enfermedad de ese cultivo.

Durante su vida laboral tuvo una estrecha colaboración con el eminente Profesor de botánica Juan Tomás Roig, famoso autor del libro de Plantas medicinales y aromáticas de Cuba.

Acuña estaba solo en 1973, su hija, la Ing. Hera Elena Acuña Ovies se hallaba en El Salvador, y él con el dolor en su alma, se decidió viajar para unirse a su hija y familia. Lamentablemente su salud no le daba para estar viajando y el 24 de julio de 1973 falleció en Ciudad México. A imitar de Acuña su constancia en el trabajo, su interés por lo nuevo y lo beneficioso. El mundo necesita gente como Acuña, hombres de ciencia y de paz.

Bibliografía consultada

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