Las vicisitudes de Orestes Miñoso

El espíritu humano crece a través del conflicto
William Ellery Channing

Por Esteban Romero

Las nuevas generaciones de cubanos han oído hablar sin dudas del excelente pelotero cubano Orestes “Minnie” Miñoso, también llamado el Charro Negro en México, pero es muy posible que conozcan muy poco de la grandeza real de este gran atleta nacido en Perico, Matanzas, el 29 de noviembre de 1925, hombre que en su niñez tuvo que cortar caña como medio de subsistencia, y que poco a poco, con su juego a distintos niveles, enseñó su capacidad en el béisbol.

El matancero se inició jugando pelota en juegos de su localidad, luego jugó con un equipo semipro hasta que se hizo conocer en Cuba por su juego en el campeonato de 1945-46, donde vistió la franela del Marianao y jugó la tercera base de su equipo. En esa temporada Miñoso bateó para promedio de .294 y conectó cinco cuadrangulares, por lo que se hizo acreedor del título de novato del año.

Fuera de Cuba, Miñoso tuvo la suerte de ser contratado por Alejandro Pompez en 1946 para jugar con los New York Cubans en la Liga Nacional Negro. En ese año y en el siguiente el cubano bateó para promedio por encima de .250 pero por debajo de .300. Su explosión llegó en 1948 cuando su bateo se montó en promedio de .403 producto de 29 hits en 79 veces al bate, además de haber sido seleccionado para jugar en el Todos Estrellas de las Ligas Negro.

Por su indiscutible calidad las condiciones del cubano no pasaron inadvertidas para los cazatalentos y gerentes del béisbol de las Grandes Ligas. Jackie Robinson se había convertido en el primer pelotero negro en esos circuitos beisboleros al debutar en 1947 con los Dodgers de Brooklyn. Luego debutó el jardinero Larry Doby con los Indios de Cleveland en ese mismo año, para así convertirse en el segundo pelotero negro en las Mayores y el primero que incursionaba la liga americana. La llegada de Miñoso a las Mayores demoró algo, ya que primero se le aclimató a la pelota de los blancos jugando con los Indios de Daytona de la liga central, clase A, en 1948, y en 1949 pasó a jugar con los Padres de San Diego de la Liga de la Costa del Pacífico, clase AAA, ambos sucursales de los Indios de Cleveland de la Liga Americana.

Orestes Miñoso vistiendo la franela del Marianao

Orestes Miñoso vistiendo la franela del Marianao

Miñoso fue el primer latinoamericano negro en debutar en las Grandes Ligas, lo cual sucedió el 19 de abril de 1949 jugando para los Indios. Por su potente brazo, jugaba con más frecuencia inicialmente la tercera base, también se desempeñaba como jardinero, aunque también jugó la inicial para los Indios sustituyendo al entonces convaleciente Luke Easter.

Miñoso en las Ligas Negro

Miñoso en las Ligas Negro

Dicen los que le vieron jugar como antesalista, que Miñoso en ocasiones erraba en puntería y sus tiros paraban en las gradas. No obstante, en 1951, su primera temporada como regular, la jugó en la antesala de los Medias Blancas de Chicago. Un año después fue trasladado al jardín izquierdo, movimiento que le dio la oportunidad al cubano Héctor Rodríguez de presentar credenciales en la tercera base.

Miñoso fue también un excelente bateador y hombre muy veloz en las bases. Se puede decir que el primer cubano en triunfar en las Mayores fue el lanzador derecho Adolfo Luque, mientras que Miñoso fue el primer jugador cubano no lanzador que triunfara bate en mano en esos circuitos. Nunca antes un jugador cubano o latino había alcanzado tantos éxitos con su bate y sus piernas como los logró Miñoso.

Miñoso listo para batear

Miñoso listo para batear

Para que se tenga una idea de lo qué hizo Miñoso, en su año real de novato, o sea en 1951, jugando como regular, bateó para promedio ofensivo de .326, segundo de la liga americana, conectó 173 hits, cuarto en su liga, incluido 14 triples, líder, fue quinto en OBP, anotó 112 carreras, segundo en ese departamento, y robó 31 bases, también líder. Una temporada de ensueño realmente. Así y todo, A Miñoso se le despojó del título de novato del año, el cual recayó en la figura de Gil McDougald de los Yankees de Nueva York. Sin quitarle mérito al yankee, pero Miñoso fue superior en su desempeño al pelotero en cuestión. McDougald bateó para .306. Miñoso jugó 146 juegos, el norteamericano sólo 134. McDougald no quedó de líder en nada. A la hora de seleccionar el MVP, el cubano fue cuarto y McDougald noveno, ¿entonces? ¿hay o no hay injusticia? Esto si fue un clásico despojo de un mérito que pertenecía por entero al cubano. McDougald no duró nada, dicen que decidió retirarse después de haber tronchado la vida deportiva del lanzador zurdo Herb Score de los Indios con un lineazo que le dio en pleno ojo a Score. Miñoso jugó muchas más temporadas y brilló siempre al bate, McDougald jamás pudo igualar los niveles de juego del cubano.

En lo sucesivo fue líder en bases robadas en las siguientes dos temporadas con 22 y 25 estafas, respectivamente; líder en triples en 1954 con 18, y 1956 con 11. En 1957 fue líder en dobles, con 36. En 1960 se llevó el liderato en hits, con 184, pero de 1951 a 1959 siempre quedó entre los primeros ocho bateadores en hits conectados. De 1952 a 1960 siempre quedó entre los primeros cinco anotadores de la liga americana. De 1953 a 1960 siempre estuvo entre los mejores seis peloteros en OBP de su liga. Miñoso tenía una característica y era que bateaba muy encima del plato con el pie izquierdo más próximo al home que el derecho, por eso recibía muchos pelotazos, departamento en el que fue líder de 1951 a 1954 y de 1956 a 1961 en la liga americana. Como aspecto negativo está el haber sido también el estafador más veces cogido en esos intentos, liderato que obtuvo en 1952- 54, 1957 – 58 y 1960.

Defensivamente el cubano alcanzó un promedio de .971, y demostró versatilidad, jugó los tres jardines, la antesala, la inicial y en dos partidos cubrío el campo corto. Fueron 17 temporadas en las que realizó 112 errores.

Miñoso es el único pelotero que ha logrado jugar en cinco décadas diferentes en las Mayores. Jugó, como ya se sabe, en 1949 con los Indios, luego en 1951 lo hizo al inicio con los mismos Indios pero fue canjeado a las Medias Blancas, equipo con el que jugó en 1960, aunque en 1958 y 1959 estuvo nuevamente en la nómina de los Indios, en 1976 y 1980 hizo breves incursiones con las Medias Blancas.

Los triunfos deportivos del cubano, como ya se indicó, no estuvieron exentos de muchas dificultades. En varias ocasiones el mérito de este gran pelotero no ha sido reconocido realmente, también sufrió de la entonces discriminación aún imperante en las grandes ligas, además de otras vicisitudes que es propósito aquí reseñar.

Una de las primeras dificultades que tuvo el cubano fue, cómo dice el refrán, con una cuña del mismo palo. El manager de los Indios de Cleveland era descendiente de cubanos, Alfonso Ramón López, oriundo de Tampa, más conocido como Al López, quien nunca se sintió cómodo con la presencia de Miñoso en el equipo. En 1951 Miñoso tuvo un inicio impetuoso con los Indios, tuvo 14 veces al bate y conectó 6 hits, incluido par de dobles. Sin embargo, poco después supo que había sido canjeado a las Medias Blancas. Ese movimiento no guardaba ninguna lógica, ya que además del inicio del cubano en esa temporada, traía de antecedentes haber bateado para .297 y .339 con los Padres en las temporadas de 1949 y 1950, respectivamente. Por suerte, el canje fue saludable para Miñoso, ya que su adaptación al ambiente de la ciudad de los vientos fue rápido y cordial.

Previamente al cubano se le había prohibido ir a jugar a Cuba en la temporada de 1949- 1950. Personalmente Hank Greenberg, el gerente de los Padres, le informó a Miñoso que como política del equipo, a ningún pelotero se le permitía jugar en las ligas invernales. El cubano aceptó, pero luego, al ver que su salario permanecía sin movimiento, llamó nuevamente al gran ex slugger para discutir el asunto, donde Miñoso le expuso claramente que no ir a jugar a Cuba le significaba la pérdida de unos cuantos miles de dólares y que entonces era menester que le subieran el salario, algo que Greenberg entendió pero no sucedió.

En materia salarial no es secreto que Miñoso fue siempre subestimado. Muchas veces él sabía que su salario no estaba acorde con su nivel de juego. El cubano nunca supo el valor por el cual Pompez lo vendió a los Indios en 1948. Aquella fue una operación en secreto, jamás revelada al criollo. Después de su primera temporada con las Medias Blancas su salario subió muy poco.

A muchos peloteros negros se les gritaba groserías y ofensas de todo tipo. En ese tipo de mala conducta incurrían fanáticos, peloteros y hasta managers o auxiliares de los equipos. Jackie Robinson fue el primer en debutar en las ligas de blancos y fue lógicamente el primero en recibir ofensas de todo tipo. Miñoso también recibió algunas, que él rememora en su autobiografía.

Hal Newhouser fue un excelente lanzador zurdo de los Tigres y luego, en sus dos últimas temporadas, con los Tigres. Logró 207 victorias y ponchó a 1796 bateadores en sus 17 temporadas en las Mayores. Cuando un pitcher es tan dominante, no es que guste mucho de que alguien le batee, y eso fue lo que le sucedió con Miñoso, quien no creyó en las credenciales del nativo de Detroit y le bateó fuerte en algunas oportunidades. En una de ellas, después de un jonrón, en su siguiente vez al bate, Newhouser le tiró la bola por la cabeza, a la vez exclamaba que eso era lo que merecía ese “perro negro”. La ecuanimidad fue siempre parte de la conducta del cubano, pero esta vez no se pudo aguantar y le fue arriba a Newhouser, al que le dijo con toda claridad que tenía que respetarlo. Otro que gustaba de sacar de quicio a los peloteros negros era el ex manager de los Atléticos de Filadelfia, Jimmy Dikes. Miñoso decía que mientras que él ofendía en el terreno, cuando se tropezaba con él en la calle o en algún lugar, le daba las buenas como si nada hubiera ocurrido. El cubano un día se le encaró fuera del parque de béisbol y le reprochó su actitud netamente racista.

Muchos pelotazos que Miñoso recibió en su carrera fueron, como ya se dijo, por su forma de pararse en el home, pero hubo algunos propinados a causa de racismo o en represalia por un buen batazo conectado anteriormente.

En el orden muy personal, Miñoso tuvo dos incidentes, el primero fue cuando una mujer mestiza acusaba al cubano de tener una hija con ella y que el cubano no quería reconocer. Aquello manchó enormemente la buena reputación que tenía el criollo. Siempre ha dicho y afirmado que jamás tuvo relación con aquella mujer. Su versión es que a ella él le había pagado una noche, en el hotel donde se hospedaba en Chicago, pero que no la había tocado en lo absoluto. Los abogados de ambas partes llegaron a un arreglo en este escándalo, al final Miñoso no se le exigió más responsabilidad en el asunto, aunque no quedó claro si él realmente no había hecho nada.

Con los ahorros de lo que ganó jugando pelota en Cuba y EEUU, Miñoso compró una casa de apartamentos en Cuba que llegado el año 1960 le fue confiscado.

Después de haber jugado exitosamente con las Medias Blancas de 1951 a 1957, bateando sobre los .300 en la mayoría de esas temporadas, Miñoso supo un buen de diciembre de 1957 que había sido canjeado a los Indios de Cleveland. Aquel movimiento significó que el cubano no pudiera asistir a la serie mundial de 1959 cuando las Medias Blancas ganaron el título de la Liga Americana. Para suerte para él, regresó a su querido equipo de las Medias Blancas en 1960, pero éstos han tenido que esperar muchas décadas para poder volver a una serie mundial.

El momento más fatídico de Miñoso fue cuando se lesionó en 1962 jugando para los Cardenales de St Louis. Fue sobre un batazo de Duke Snider en juego contra los Dodgers de los Angeles, al cual Miñoso le partió con la idea de realizar un buen engarce, pero nada de eso, tropezó violentamente contra las cercas y fue ingresado gravemente. Durante largas horas el cubano estuvo inconsciente. Aquella lesión le valió que no pudiera jugar más por el resto de la temporada y que sus facultades se vieran disminuidas para su juego en las siguientes dos temporadas. Realmente Miñoso estaba casi entonces terminado como pelotero de Grandes Ligas después de aquella lesión.

Los méritos del cubano fueron muchos y en cuanta pelota jugó en su carrera, pero no parece que los mismos hayan sido suficientes para poder llegar al Salón de la Fama de Cooperstown. El propio Miñoso decía que quería ser exaltado en vida, algo que no le correspondió. Discutible es la presencia de algunos peloteros como la ausencia del cubano en este sitial de honor. Esperemos que sea escogido finalmente, así sea póstumamente, y que Miñoso sea exaltado en una próxima votación.

Dos generaciones de peloteros cubanos, Miñoso saluda al inicialista José Dariel Abreu

Dos generaciones de peloteros cubanos, Miñoso saluda al inicialista José Dariel Abreu

La última vicisitud fue su elección al nuevo Salón de la Gloria del béisbol cubano, Miñoso fue escogido entre un grupo de cinco peloteros que jugaron pelota en Cuba antes de 1961. El cubano había dicho y así lo afirmaba en su autobiografía que jamás volvería a Cuba si permanecía la actual administración cubana. Sin embargo, el hecho de haber sido recordado en su tierra al ser seleccionado para el Salón de la Fama, parece que le hicieron cambiar de idea. Estaba alegre con su elección, y cuando se le preguntó si iría a Cuba a su exaltación, dijo que estaba pensando seriamente asistir a tal evento. Lamentablemente, como todos sabemos, Miñoso no fue invitado siquiera, por lo que murió sin haber pisado su tierra en 55 años.

No todo es desgracia aún después de uno muerto. Al momento de su fallecimiento Miñoso fue recordado por el propio presidente de los EEUU., Barack Obama, y se le rindió tributo por parte del que fuera su equipo de siempre, los Medias Blancas de Chicago. Pase lo que pase, Miñoso ha pasado a la historia del béisbol con el título de Mr. Sox y un monumento se erigió en su memoria incluso antes de morir. Su equipo retiró su número, el 9, en 1983.

Mr. Sox para siempre

Mr. Sox para siempre

Para uno que le vio jugar, les puedo decir a las actuales generaciones que tienen mucho que aprender de Miñoso. Ante todo su carácter afable con sus compañeros e incluso con los peloteros rivales, su seriedad en el juego. Luego su juego, bateo, velocidad para robar bases y para convertir dobles en triples, brazo fuerte y preciso, y óptimo en el fildeo. Era un hombre que en el terreno todo lo hacía bien, pues dominaba los llamados fundamentos de este deporte. ¿Quieren ser buenos en las Mayores? Imiten a Orestes Miñoso y lo lograrás.

Bibliografía consultada

AP. Muere Miñoso, primer jugador hispano negro en Grandes Ligas. Listín Diario. República Dominicana. http://listindiario.com/el-deporte/2015/3/1/358135/Muere-Minoso-primer-jugadorhispano-negro-en-GL

Miñoso O. y Fagen H. 1994. Just call me Minnie: My six decades in baseball. Sagamore Publishing. 250 p.

Stewart M. 1990. Minnie Minoso. http://sabr.org/bioproj/person/796bd066

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